21 mayo 2019
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El colegio donde no se admitía a los hijos de los zapateros, en la lista roja del Patrimonio

Preocupa el estado ruinoso del Colegio de Carvajal sin uso tras el incendio que lo asoló hace casi 20 años

16 mar 2019 / 09:35 H.

El Colegio de Carvajal, situado muy cerca de la Cueva de Salamanca, ha sido el último monumento salmantino en engrosar la lista roja de Patrimonio de la asociación Hispania Nostra por su evidente estado ruinoso, desde que fue asolado por un incendio hace 19 años.

En estos momentos solo permanecen en pie su fachada principal, una pared con un gran vano rectangular asentada sobre la muralla romana, algunos restos de muros y estructuras interiores y parte de un tramo abovedado de lo que fue su capilla, que actualmente está cubierto por una estructura de uralita.

Una empresa privada quería convertir el solar en un hotel, para lo que se aprobó en 2011 una modificación del Plan General de Ordenación Urbana, pero la crisis económica ha imposibilitado el inicio de las reformas. El solar pertenece al Obispado a través de la Fundación Colegio Niños del Coro - Seminario Carvajal de Salamanca y sigue sin un destino claro.

El también llamado colegio de San Antonio fue inaugurado en 1662 si nos atenemos a la fecha que indica la inscripción en pizarra de su fachada. Fundado mediante testamento otorgado por Antonio Vargas de Carvajal, el colegio tiene una curiosa anécdota. Don Antonio, al carecer de hijos, había otorgado testamento en favor del Hospital General, pero un día observó cómo un pobre zapatero sin apenas recursos adquiría una anguila por un elevado precio, que a juicio de don Antonio no se podía permitir y que debería reservar el dinero para el caso de caer enfermo, a lo cual el remendón le contestó que si ese era el caso acudiría al Hospital donde le tratarían gratuitamente. El enfado de don Antonio fue tal que canceló el testamento en favor del Hospital y otorgó el mencionado solar para la fundación del seminario, añadiendo la cláusula de que en él no fueran admitidos los hijos de zapateros.

El edificio inició su vida como seminario en el que se recogía a niños huérfanos. Al llegar a la edad de aprender un oficio se les buscaba un maestro y cuando terminaban el aprendizaje abandonaban el colegio con una pequeña cantidad de dinero.

A finales del siglo XIX el edificio ejerció de escuela de instrucción primaria; en 1983 paso a ser academia de música; hasta 1907 en uno de sus locales es estableció la imprenta Calatrava, de carácter eclesiástico y que llegó a ser acusada de explotación infantil; y en los años treinta del siglo pasado fue cerrado. En 1986 se adaptó para ser una residencia de ancianos y en el año 2000 un incendio acabó prácticamente con el edificio.