27 noviembre 2021
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El calvario de Noemí cuando fue diagnosticada de cáncer de mama: “Presenté la baja el viernes y me echaron el lunes”

Además del problema físico que acarrea la enfermedad, también puede afectar enormemente a la economí de algunos enfermos

27 oct 2021 / 17:52 H.
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El diagnóstico de una enfermedad como el cáncer de mama no acarrea solo un problema físico, también puede suponer un calvario económico para algunos enfermos por la pérdida del empleo o por sufrir una reducción significativa de su sueldo.

“Cuando me diagnosticaron a mi jefe se le llenó la boca con frases de apoyo, me aseguró que no habría problema”, recuerda Noemí. Pero un viernes pidió la baja y el lunes la despidieron. Hasta el 15 de octubre de hace dos años lo tenía todo: un trabajo, salud, una pareja y estabilidad económica. Pero el diagnóstico lo puso todo patas arriba. “Denuncié a la empresa por despido improcedente y gané, pero con el sueldo que me quedó no tenía ni para pagar la hipoteca”, recuerda.

Con dos hijas y un piso que pagar, a todos los problemas de la enfermedad se le sumó que apenas podía llegar a fin de mes. “Siempre he trabajado mucho y ganado muy poco, pero nunca había recibido ayudas a pesar de estar divorciada”, señala. No tuvo que pasar el mal trago de pedir dinero porque su madre “sabía lo que había”. “Ella conocía lo que ganaba y lo que me quedaba, gracias a Dios tiene una buena pensión y me ha podido echar una mano”. Ha sido un colchón de seguridad junto al resto de la familia y amigos. “Estaba segura de que no me quitarían el piso porque ella se haría cargo y que a mis hijas no les faltaría de comer, porque el primero que se encargaría de ellas sería su padre. Si no hubiera tenido tanto respaldo podía haberlo perdido todo”.

Además contó con la Asociación Española Contra el Cáncer de Salamanca y de su línea de ayudas para estos casos, más habituales de lo que parece, ya que según los estudios de la organización el 70% de las mujeres con diagnóstico de cáncer de mama tienen un impacto notable en sus ingresos y el 30% ve que su trabajo o sus ingresos habituales corren peligro.

“La aportación de la asociación me ayudó durante tres meses. Entre su asignación y la de la mutua pude cubrir todos mis gastos. No me daba para ahorrar, pero sí para la hipoteca, la luz... La comida no, porque siguió haciéndose cargo mi madre”. Su progenitora ha estado siempre “al pie del cañón”, pero esos meses supusieron un alivio también para ella “porque también tiene gastos en su casa”, reconoce Noemí.

Reseña que el respaldo también llegó de su tío y de su hermano. “Se pasa mal porque no te encuentras para trabajar. No puedes a pesar de que te hace falta dinero”. La Asociación también le ofreció ayuda psicológica y un curso de actualización, porque es auxiliar administrativa.

Finalmente le dieron el alta y ha vuelto a trabajar en un hotel de limpiadora. A pesar de todo se siente afortunada. “He tenido suerte en todos los campos, en el médico, en el familiar y en el de los amigos. Es verdad que es algo excepcional que se complique todo como en mi caso, pero estoy muy agradecida a todos los médicos que me han atendido, desde el que me diagnosticó al que me vio solo un rato, a la familia, a los amigos y a mis hijas, porque la gente importante ha estado ahí”.

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