08 marzo 2021
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El auge de las mercerías: “El COVID nos ha vuelto a poner en el mapa”

A pesar del impacto de la pandemia, las mercerías charras están capeando la crisis gracias al auge de las labores en el confinamiento y la confección de mascarillas

Como la mayor parte del pequeño comercio de la capital, la pandemia también se ha notado en las mercerías salmantinas. “Nuestras ventas cayeron el año pasado entre un 50 y un 60%”, reconoce Fernando Muñoz, quien regenta uno de los establecimientos del sector más antiguos en la capital del Tormes -esta mercería nació hace 80 años y Fernando lleva un cuarto de siglo al frente del negocio-. En medio de esta tormenta para estos negocios de toda la vida, la pandemia les ha dado un respiro. “La pandemia ha puesto más en el mapa a las mercerías”, admite Diana Nieto, propietaria de otro de los comercio del sector desde hace ya ocho años.

“Durante los primeros meses vendimos una barbaridad de metros de goma. Fue un boom. Cada 15 días vendíamos 300 metros. Era una barbaridad”, asegura Margarita Pascual, propietaria de otra mercería en la capital. Algo en lo que también coincide Diana. “En el primer mes de apertura (mayo) fue una auténtica locura. De hecho teníamos problemas de abastecimiento desde las propias fábricas”. Aunque la venta de estos materiales para la confección de mascarillas no supone un gran porcentaje de sus ingresos, lo cierto es que el coronavirus ha hecho que los clientes se acuerden un poco más de la mercería de toda la vida que hay en su barrio.

Fernando Muñoz regenta un negocio especializado en bordado charro.
Fernando Muñoz regenta un negocio especializado en bordado charro.

A la goma para mascarillas, hay que añadir la tela TNT para hacer filtros y... las lanas. “La gente se ha animado a hacer más labores. Sobre todo mucho punto y punto de cruz para entretenerse”, explica Margarita. Y entre las sorpresas que está dejando el COVID, es, por un lado la aparición de un nuevo público: “He tenido jóvenes que venían buscando lanas para hacerse un jersey porque estaban aprendiendo a través de tutoriales de Youtube”, confiesa Diana. Al mismo tiempo, la crisis económica ha provocado que la gente no compre tanta ropa y opte más por arreglarla: “Sí que he notado que la gente venía buscando para arreglar, por ejemplo, un pantalón que se había roto y que antes hubiera acabado en la basura”, relata María José Rodríguez, que abrió su pequeña mercería de barrio hace ya un lustro tras quedarse en paro.

“Cada 15 días vendíamos 300 metros de goma quirúrgica durante los primeros meses. Fue una barbaridad”

Las excepcionales circunstancias también ha obligado a estos pequeños comercios, muchos casos familiares, a adaptarse a las circunstancias. Es el caso de Diana, que tras la reapertura de su negocio allá por el mes de mayo, habilitó un número de teléfono de WhatsApp para que las clientas pudieran hacerle llegar los pedidos por ahí. “Era mi forma de venta online a pedales”, reconoce la propia propietaria de este pequeño negocio asentado en la calle Cabeza de Vaca. Lo mismo hizo Fernando, que cuenta que durante el confinamiento un día a la semana se acercaba hasta su tienda de la calle Cuarta para preparar los pedidos sus clientas de la provincia: “Me llamaban por teléfono, me decían lo que querían y yo se lo enviaba”.

Más allá de la confección de mascarillas y labores que permiten que estos negocios “vayan tirando”, sus otras ventas se han visto muy afectadas. Es el caso de Fernando, cuya mercería está especializada en la costura de trajes charros y con la cancelación de todo festejo desde marzo de 2020, reconoce que “se ha notado mucho”. Caso similar a los de Margarita y María José, ambas especializadas en lencería: “La gente apenas ha comprado ni medias, ni nada. Lo único que ha crecido ha sido la venta de pijamas durante las Navidades”. María José añade que: “Al no haber ceremonias, ni bodas, ni bautizos...”. Y todo ellos expresan en que los 2 meses que se vieron obligados a cerrar les ha pasado factura. De igual forma, apuntan a la clausura hostelera como otro de los factores que les está repercutiendo. “No sé el motivo, pero cada vez que se cierra la hostelería, nosotros tenemos menos clientes”, coinciden Fernando y Diana.

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