16 abril 2021
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Del paro a firmar desde Salamanca uno de los descubrimientos del siglo

Carlos Hernández, primer autor del descubrimiento de la nueva propiedad de la luz, pensó en opositar cuando se quedó sin trabajo. Después las becas le devolvieron a la ciencia con San Román, Plaja y Rego

07 jul 2019 / 18:43 H.

Hace seis años el salmantino Carlos Hernández era una promesa científica, pero en paro. Hoy está sobrepasado tras una semana frenética atendiendo a medios de comunicación de todo el mundo entre congreso y congreso tras liderar el descubrimiento de una nueva propiedad de la luz junto a sus compañeros del Grupo de Investigación en Aplicaciones de Láser y Fotónica (ALF) de la Facultad de Física de la Universidad de Salamanca, Luis Plaja, Julio San Román y Laura Rego. “Cuando acabé la carrera me pilló la crisis , tuve suerte y obtuve una beca Marie Curie europea para trabajar dos años en Estados Unidos y otro en España, pero en octubre de 2012 terminó y estuve en el paro hasta junio de 2013”, relata. Desde entonces ha encadenado una beca propia de la Universidad con la actual Ramón y Cajal.

“Esos meses me planteé dedicarme a la docencia, que es algo que siempre me ha gustado”, confiesa desde Hungría, donde participó en un congreso la semana pasada para explicar los avances del grupo. Sus padres se sienten igual de orgullosos de él que los hijos de Luis Plaja, responsable del equipo. “Les dijeron en el instituto que tenían un padre famoso, pero yo les he convencido para que lo vean como algo normal”, confiesa Plaja. “¿Qué es eso de la luz nueva?”, le dijeron las hijas de Julio San Román en medio de la tormenta mediática cuando la revista “Science” publicó su aportación: haces de luz con una propiedad nueva, el autotorque de la luz, o lo que es lo mismo, dos torbellinos de luz superpuestos que cuando pasan por un gas se autoaceleran. “Mis padres recibieron la noticia con lágrimas. Ver tu apellido reconocido en la televisión es extraordinario”, dice emocionado San Román. Pero la pasión por lo que hace de la joven Laura Rego, la última en llegar al grupo, es tal, que su padre ha empezado a estudiar Física en la UNED. “La noticia les pilló por sorpresa y cuando nos vieron en los medios me preguntaron por qué no les había avisado”, asegura con una sonrisa tímida.

El realidad el subidón por el descubrimiento le llegó al grupo hace dos meses, cuando la resista “Science” aprobó el artículo que estuvo embargado hasta su publicación la semana pasada. “No hicimos una celebración como tal, nos fuimos a cenar y ya”, recuerda Julio, un hombre de ciencia que se confiesa enganchado a la adrenalina del descubrimiento. “Nos ocurre como a los antiguos descubridores cuando avistaban tierra. Es como un chute que cuando llega la primera vez te hace sentir muy bien y, como le digo a mis alumnos, luego engancha”. Estos días se han movido entre el orgullo que les muestran los vecinos, compañeros y profesores de la Universidad por demostrar que en España también se hace ciencia de la buena, pero se sienten sobrepasados y solo quieren volver a la rutina.

“Lo único que quiero es continuar con mi vida anterior y ponerme a investigar, que es lo que más me gusta. Desde finales del año pasado no he podido dedicarle más de media hora a la ciencia. A veces somos como hombres orquesta que investigamos, hacemos docencia, gestionamos proyectos y los justificamos, impartimos conferencias y llevamos a alumnos”, sostiene Carlos Hernández. “Todo esto me ha sacado de mi zona de confort, cuando de lo que yo realmente disfruto es de dar clase y de investigar”, corrobora Julio San Román.

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