25 abril 2019
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Cuando la Catedral de Salamanca sufrió un incendio que fundió una campana

En 1705 un rayo dañó la torre de la Campanas. Una de ellas cayó al suelo y otra se derritió por las altas temperaturas

16 abr 2019 / 11:10 H.

La imagen de las llamas devorando Notre Dame ha conmocionado al mundo. Parece mentira que en pleno siglo XXI algo tan básico pero tan destructivo como el fuego pueda acabar con una obra de arte de ocho siglos de historia. En la era de los avances tecnológicos y la seguridad, uno de los símbolos de París se ha quedado seriamente dañado. Lo que no logró la Revolución Francesa ni la II Guerra Mundial, lo ha conseguido un aparente fallo en las obras de rehabilitación del templo. Difícil de creer. Muy complicado de digerir.

Hace tres siglos este tipo de catástrofes eran más habituales. El fuego ha destruido a lo largo de la historia miles de templos. Retablos de valor incalculable. Tallas únicas. Las débiles estructuras de madera de muchos de ellos era el mejor alimento para la voracidad de las llamas. Las razones por las que se producían esos incendios eran variadas, pero una de ellas tenía que ver con las tormentas. Concretamente por los rayos. Así se declaró el incendio que en 1705 destruyó la torre de las Campanas de la Catedral de Salamanca.

El incendio destruyó gran parte de la torre y pudo provocar una tragedia mayor. La campana principal cayó a la calle sin que se produjeran daños personales. Y una de las pequeñas se fundió por las altas temperaturas que se alcanzaron durante el fuego. “De rayos y tempestades Dios nos defienda”, se podía leer en una de las inscripciones que aparecieron durante la restauración de la torre de las Campanas en el año 2013. De rayos y tempestades sí protegió Dios a la estructura, pero no del terremoto de Lisboa. En 1755, la torre sufrió daños muy serios

El Cabildo no solo la restauró, sino que financió su recrecido para darle su altura actual. 110 metros que la convierte en el edificio más alto de Salamanca y en el templo que ocupa el puesto 49 a nivel mundial. Según el arquitecto Valentín Berriochoa, artífice del actual plan director de la Catedral, la torre “entró en colapso por el sobrepeso de la parte superior” y no por el terremoto de Lisboa, como mantiene la tradición popular.

Entre las soluciones barajadas, se optó por tapiar ventanas del cuerpo medieval, forrar el fuste inferior con nuevas y gruesas paredes de sillería, rodear la torre con “cinchos” -fajas de metal-, conectar el interior de las paredes con “tirantes” -vigas de madera-, y desmontar una antigua bóveda plateresca para reducir peso y sustituirla por un entablado. Este último forjado de madera, muy deteriorado, constituye el suelo de Sala de las Campanas.

Con las recientes obras del año 2013, éste fue restaurado y en su parte central se abrió una especie de tragaluz que, al alzar la vista desde la estancia inferior permite observar todo el interior de la torre hasta su parte más alta, donde se encuentra el cupulín. En este mismo espacio, denominado Sala del Reloj y que data del siglo XIII, los visitantes contemplan las ménsulas platerescas y parte de las nervaduras de la desaparecida bóveda renacentista, así como las ventanas de la torre medieval que se tapiaron y los “tirantes” de madera.

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