03 febrero 2023
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Cleo, la salmantina de 86 años que es el alma del gimnasio

Cada día desde hace 7 años espera a las 6:50 horas a que abran la puerta del centro. Siempre de lunes a sábado, “porque los domingos son para el señor”, dice la mujer, para la que el deporte es “media vida”

16 jun 2021 / 18:48 H.
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La casualidad hizo que Cleo se apuntara a su actual gimnasio. “Pasé por aquí y lo vi. Entré y me atendió Álex. De eso hace por lo menos siete años”, recuerda. Desde entonces es la usuaria más fiel del centro a pesar de sus 86 años. Cada día espera a las 6:50 horas a que abran la puerta. Como un clavo —haga sol, frío o llueva— es la primera en pasar por la puerta. Así de lunes a sábado, “porque el domingo es para el Señor”, reconoce. Su enorme personalidad, contenida en un cuerpo de poco más de metro y medio, la ha convertido en el icono del centro deportivo. Alegre, cariñosa y fundamentalmente optimista es el desahogo de muchos compañeros, de los que por edad puede ser su madre o su abuela.

Mientras cuenta el motivo que la impulsa a cumplir con su cita diaria con la cinta no para de saludar a los que entran y salen, entre ellos una chica de Estados Unidos de color que le cuenta entusiasmada que pronto vendrá su “mami” a Salamanca a verla. “Vengo la primera porque cada día me levanto a las seis de la mañana, así a las siete ya puedo estar dentro y elegir mi cinta para caminar”. Siempre es la misma: la primera de la fila.

Cleo, la salmantina de 86 años que es el alma del gimnasio

“Como soy tan pequeña, en el medio me siento agobiada”, reconoce. En el relato de su vida aparecen desde los años del racionamiento después de la Guerra Civil a su traslado a Salamanca y su trabajo en la calle Libreros. El deporte está presente de forma transversal en todos sus recuerdos. “Nunca he cogido un autobús. Iba a trabajar caminando y después hacía lo que llaman gimnasia de mantenimiento. Cuando me jubilé me apunté primero a otro gimnasio y luego a este”. Su rutina es invariable: primero hora y casi tres cuartos de cinta caminando a un ritmo “que para ella es rápido”, según Beatriz, la monitora que le aconseja los ejercicios y los estiramientos que debe hacer, y con la que tiene tanta confianza que le ha pedido que la acompañe durante el reportaje.

“La verdad es que no voy al médico habitualmente. La última analítica la hice hace dos años y estaba todo bien”

Después de estirar cambia de máquinas, que ajusta casi con los ojos cerrados. “Cuanto mejor me cuide, menos guerra le voy a dar a mis hijos”, confiesa la mujer, para la que acudir al gimnasio cada día es “media vida”. “La verdad es que no voy al médico habitualmente. La última analítica la hice hace dos años y lo tenía todo bien”.

No es de extrañar, después de ser fiel a sus casi tres horas y media diarias de gimnasio. “Me gusta estar con la gente joven. No me gustan esas personas, muchas de mi edad, que siempre se están quejando. Hay que vivir el presente. El pasado quedó atrás y el futuro ya vendrá”. Por eso es feliz entre máquinas, pesas y bicicletas. “Todos me quieren y yo los quiero a ellos. ¡Aquí me encuentro tan bien!”, confiesa, mientras sigue saludando a los usuarios. “¡Hasta luego mi niño! ¡Hola cariño!”, saluda. “Sé que soy muy mayor, pero tengo un corazón joven”.

No para de insistir en lo agradecida que está a los directores: Álex y Beatriz. Con las restricciones de la covid, los usuarios tienen que reservar su plaza a través de una app, todos menos Cleo. “Yo veía a las chicas con el móvil, pero no sabía qué era hasta que me enteré de ese cuento cuando le pregunté a los chicos qué hacían con el móvil”, relata. Ese cuento era la reserva, que cada noche le tramitan Álex o Beatriz para que al día siguiente tenga asegurada la plaza. En los meses de cuarentena no pudo cumplir con su cita por el cierre de los gimnasios, pero no fue un problema. “Todo en esta vida es mentalizarse. No podía venir, pues empecé a escribir en un cuaderno y a máquina para mejorar la movilidad de los dedos. Otras veces leía durante una hora, no más porque luego me cansa”, relata Cleo, vestida siempre con colores vivos, irradiando optimismo. La alegría de un gimnasio con el que cada día tiene cita, todos menos los domingos “que son para el Señor”.

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