25 enero 2021
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Así valoran profesores y alumnos universitarios el inicio de curso en Salamanca

Profesores y alumnos universitarios valoran positivamente los primeros meses de clase y la apuesta por la presencialidad, en la mayoría de casos transformada en aulas híbridas, pero todos echan de menos la falta de interacción social

Pocos confiaban en que dos meses después del inicio del curso 2020-21 las aulas continuaran abiertas, pero tras la alerta por los numerosos contagios de alumnos en las primeras semanas de octubre y los aislamientos preventivos, la situación se controló y los centros han podido mantener la actividad docente.

Apuesta por la semipresencialidad

Tanto profesores como alumnos hacen hincapié en la importancia de la presencialidad que, debido a la pandemia, se ha transformado en semipresencialidad. “Dentro de los límites posibles, y preservando la salud, somos partidarios de que se apueste por la presencialidad”, comenta Emilio Ferrero, representante de la asociación de estudiantes ASPER, y coincide con Néstor Prieto, de CEA. Ambos insisten en que es la forma menos lesiva para los estudiantes de familias más vulnerables. También los profesores comparten esta posición. “La presencialidad es lo mejor, pero la circunstancia ha hecho que tenga que ser así”, afirma con resignación Rodrigo Morchón, profesor del Área de Parasitología que imparte clase a alumnos de la Facultad de Ciencias Agrarias y Ambientales, pero también de la Facultad de Farmacia, centros con distintos modelos de semipresencialidad. “Mi opinión es que las clases presenciales son imprescindibles y no hay nada que pueda sustituirlas con el mismo éxito. Ahora bien, hemos aprendido que las clases presenciales pueden tener un complemento o ayuda en las nuevas tecnologías: vídeoconferencias, foros de discusión, tareas... Esta tecnología ha venido para quedarse y bien usada será de un gran apoyo a la presencialidad”, opina José Antonio Bartol, catedrático de Lengua Española.

Distintos modelos de aulas híbridas

Al final el formato más extendido ha sido el aula híbrida, es decir, el profesor imparte docencia de forma presencial a un grupo reducido de alumnos mientras el resto de estudiantes siguen la clase desde el ordenador en sus casas. “Imparto cuatro asignaturas, no he tenido ningún problema y los chicos me dicen que no han notado diferencia en mis asignaturas”, explica Fernando Martín Diz, catedrático de Derecho Procesal, que reconoce que se prepara las clases para el aula híbrida con la misma ilusión y exactamente igual que cuando eran completamente presenciales. “No se pierde calidad”, afirma, pero lamenta que no todos los estudiantes acudan al aula cuando les corresponde. En Derecho la presencialidad no es obligatoria, así que algunos alumnos han optado por, directamente, seguir las clases siempre desde casa. En la Facultad de Filología eso no está permitido. Es uno de los centros con mayor presencialidad. Noemí Domínguez, profesora del Departamento de Lengua Española, explica que las clases se ofrecen a distancia, pero en vivo, de forma que se pueden conectar los alumnos que no pueden acudir al centro por haber sido diagnosticados con COVID o por aislamiento preventivo. En cierto modo, estas aulas híbridas han cambiado el modo de impartir clase de algunos profesores. “Me ha influido porque no me puedo mover por la clase como hacía antes y hablar con los alumnos, además de que ya no se pueden hacer trabajos en grupo o algunas prácticas de campo. Las limitaciones son grandes”, reconoce Bienvenido Martín Fraile, profesor de la Facultad de Educación con 35 años de experiencia.

Respecto a las aulas híbridas, los estudiantes consultados señalan el carácter “segregador de la teledocencia” ya que, señalan que pone en evidencia que no todos pueden tener una habitación individual y medios suficientes.

“El aula híbrida me ha influido porque no me puedo mover por la clase como hacía antes”, reconoce Bienvenido Martín

Falta de interacción

Y aunque, en general, alumnos y profesores transmiten satisfacción por la evolución de los primeros meses del curso en la Universidad de Salamanca, todos ponen un pero: la falta de interacción. La semipresencialidad ha reducido la comunicación de los docentes con los estudiantes. “Yo no utilizo el chat, porque entonces no estoy pendiente de la clase, los alumnos que están en casa pueden participar levantando la mano de forma virtual”, comenta Jesús Jiménez, profesor de Historia del Arte, quien reconoce que participan más los estudiantes que están en casa que los de la clase presencial.

“Echo de menos el contacto directo con los alumnos y las reuniones con los compañeros, la máquina no te da esa interacción humana, pero no se pierde calidad en la docencia”, insiste Fernando Martín Diz y Rodrigo Morchón apunta que “es otra forma de interactuar”.

Medios suficientes

La Universidad de Salamanca repartió 250.000 euros entre los centros para la adaptación de las aulas y espacios docentes. El resultado fue la instalación de cámaras web en las aulas, micrófonos y otras mejoras como pizarras digitales. “El esfuerzo que ha hecho la facultad ha sido enorme y debe ser reconocido”, comenta Noemí Domínguez en relación a Filología. Del mismo modo, Fernando Martín Diz destaca la buena planificación de Derecho, mientras que Rodrigo Morchón considera que los medios técnicos son excesivos, ya que duda que tras la pandemia se sigan utilizando, y Jesús Jiménez reconoce que “todo es replanteable y quizás habría cosas que modificar de cara al futuro”, pero destaca que se ha hecho un gran esfuerzo.

Saber utilizar esos dispositivos no ha resultado igual de sencillo a todos. “Hubo cursos, pero voluntarios, y algunos no los hicieron y ahora han visto las orejas al lobo”, asegura Morchón, quien se maneja sin problema. “Yo me adapto perfectamente a esta forma de dar clase”, indica. Tampoco ha supuesto un esfuerzo añadido para Martín Diz. En este tema se nota que los profesores más jóvenes tienen más conocimiento de las nuevas tecnologías, pero veteranos como Martín Fraile se ha formado para estar a la altura. “La pandemia nos ha obligado a reciclarnos”, afirma y comenta que ahora está haciendo un curso sobre Studium, la plataforma de la Universidad que docentes como Bartol han aprovechado para subir más material para que, según sus palabras, “la nueva situación no merme la formación de los alumnos”.

“Echo de menos el contacto directo, la máquina no te da esa interacción”, comenta Fernando Martín Diz, de Derecho

Aulas seguras

También se ha trabajado para dotar a los centros de todas las medidas de seguridad y tener aulas seguras. Algo que nadie pone en duda. “La Universidad es un lugar seguro, mantenerla abierta no es una opción, sino una obligación”, apunta Emilio Ferrero y Néstor Prieto incide en que “no existe riesgo de contagio”.

Buen comportamiento

Lo cierto es que, aunque al inicio del curso los contagios se dispararon, alumnos y profesores consideran que el comportamiento dentro de los espacios universitarios ha sido adecuado. Néstor Prieto piensa que se usó a los jóvenes como cortina de humo para ocultar los errores de las administraciones en la gestión de la pandemia y su compañero de ASPER hace hincapié en que “ha habido una conducta responsable de la mayoría”. También lo creen sus profesores. Noemí Domínguez asegura que sus temores se fueron disipando al comprobar el nivel de responsabilidad de los estudiantes. “En los colegios mayores se les fue de las manos”, lamenta Rodrigo Morchón, que señala que ahora los estudiantes están más concienciados. También lo piensa Bienvenido Martín Fraile: “Ahora son más conscientes que cuando llegaron”, afirma y confiesa que sintió cierto temor cuando aumentaron los contagios.

“La Universidad es un lugar seguro, mantenerla abierta es una obligación”, señala el estudiante Emilio Ferrero

Exámenes, prueba de fuego

El próximo reto serán los exámenes a la vuelta de las vacaciones de Navidad, pero la comunidad universitaria está confiada en que sabrán hacer frente a los obstáculos. “Al final conseguiremos solventar bien las dificultades sin que la calidad baje”, concluye José Antonio Bartol.

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