28 junio 2022
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Antonio Matilla, deán de la Catedral, tras superar un linfoma: “Se rumorea que he muerto; si estoy dando misa debo de haber resucitado”

El religioso desvela en un libro cómo el humor le ha servido para afrontar un grave linfoma. Recuerda que desmintió en el púlpito, entre bromas, su propio óbito

22 jun 2022 / 14:01 H.
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EL deán de la Catedral, Antonio Matilla siempre ha llevado el humor por bandera. El diagnóstico de un linfoma grave LCM hace nueve años no se lo quitó, sino que lo utilizó como herramienta para afrontar una enfermedad que se encontraba en un diagnóstico muy avanzado cuando alcanzó su organismo. Ahora ha decidido plasmar sus vivencias en un libro que se presentó este martes en la iglesia de San Martín para mostrar en forma de artículos cómo fue superando todas las etapas desde el diagnóstico, la superación a ser partícipe de un ensayo clínico.

Todo comenzó con unos sudores nocturnos que empezó achacando al calor pero que se acabaron complicando. Tras ser derivado por una médica sustituta que “dio en el clavo” a la Unidad de Diagnóstico Rápido. “La doctora me dijo que tenía una buena y una mala noticia. La mala era que era grave porque estaba en la fase 4B, un estadio muy avanzado, la buena que tenía tratamiento”. Antes de empezar con la quimioterapia, recuerda que debía someterse a un PET TAC. “Las células malignas se iluminaban al pasar la glucosa radioactiva. Aquello parecía la vía láctea”, recuerda.

Fueron los primeros días tras recibir el diagnóstico cuando tuvo la “mala idea” de entrar en internet y leer solo malas noticias. “Empecé a ver estudios muy bien documentados en el que solo había supervivencia para el 50% de los pacientes, pero me extrañaba que la médica no me hubiera dicho que estaba cerca de morir. Y claro... los estudios eran de hace nueve años. Menuda bronca me echó”.

“Los feligreses hicieron un proceso sencillo: tiene cáncer, está muy grave y en las últimas, entonces está muerto”

La fase del tratamiento resume las principales anécdotas. Tras hacerle el TAC, los médicos le recomendaron no acercarse a niños y mujeres embarazadas durante 24 horas. “Tras hacerme las pruebas estuve en Ávila comiendo con don Carlos con la mala suerte de que nada más entrar en la Catedral llegó una excursión de parejas jóvenes llena de niños. Parecía un bailarín de Bolsoi escondiéndome detrás de las columnas”. Tras el diagnóstico, Matilla, en vez de esconder su enfermedad, optó por contar “con luz y taquígrafos” que tenía una enfermedad hematológica grave. De los primeros que recibió el apoyo fueron de los grupos de scouts. “Vais a aburrir a Dios con tanto rezo”, intentaba escaparse, abrumado de tanto cariño recibido.

“Las células malignas se iluminaban al pasar la glucosa radioactiva que daba gusto. Aquello parecía la vía láctea”

Sin embargo, la principal anécdota fue cuando empezó a correr como la pólvora entre los feligres de San Martín y La Purísima que su sacerdote querido había fallecido. “Los feligreses hicieron un proceso sencillo: tiene cáncer, está muy grave, está en las últimas, ha muerto”. Así que decidió desmentirlos él mismo ante el púlpito. “Buenos días, me he enterado de que se rumorea en la parroquia que he muerto. Lo de que he muerto puede ser verdad o no; en caso de que sea verdad puedo ser un holograma venido de otra dimensión, más allá de la muerte. Y otra podría ser que he resucitado”, respondió entre bromas despejando si aún había alguna duda que no hubiera quitado ya su presencia.

Entre las dudas que planteó a la hematóloga del tratamiento se encontraba el “culín de vino tinto” que bebía en la cena al que le pidió que renunciara, pero también estaba el vino consagrado. “En la consulta siguiente informé que solo había bebido en las últimas ocho semanas la puntita de la hostia y las 7 gotitas que quedaban en el fondo del cáliz se las tenía que beber el monaguillo o monaguilla de turno, todos ellos adultos. A lo que ella respondió riéndose: «Hombre, tampoco hay que exagerar».

“Vais a aburrir a Dios con tanto rezo”, intentaba escaparse, abrumado de tanto cariño recibido de los feligreses

La quimioterapia funcionó y no fue necesario el trasplante de médula y llegó al punto de “remisión completa”. Sin embargo, aceptó entrar en un ensayo clínico del servicio de Hematología para seguir dando pasos hacia una enfermedad que sigue teniendo muchas lagunas. Espera que la publicación sea una “sonrisa” para todo aquel que lo lea y que muestre “la ilusión por vivir” del sacerdote.

Fondos para Pyfano y restauración de la custodia

Los fondos obtenidos por el libro ‘Linfoma LCM con amor y humor’ de Antonio Matilla irán dirigidos en un 50% a financiar la restauración de unas andas procesionales eucarísticas de la iglesia de San Martín y el 50% para las actuaciones de Pyfano. El libro se presentará el martes en la iglesia de San Martín a las ocho de la tarde. El libro podrá adquirirse en las sacristías de San Martín, La Purísima, San Julián y San Sebastián con un precio orientativo de 10 euros. También se distribuirán en Ascol

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