07 julio 2020
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Antonio Carreras (Catedrático de Historia de la Ciencia): “La gente está teniendo comportamientos propios del siglo XIV”

“Lo sucedido me recuerda a la peste: había que huir pronto, lejos y volver tarde, esas tres cosas se pueden ver aquí y reflejan la irracionalidad humana ante una enfermedad desconocida” , explica

04 jun 2020 / 18:58 H.

Estudioso de las epidemias de peste, el catedrático jubilado de la Universidad de Salamanca Antonio Carreras reflexiona sobre las consecuencias de la pandemia de COVID-19 en la historia y en la medicina. No espera que esta situación traiga consigo grandes cambios.

–Estamos escribiendo un capítulo de la Historia ¿no?

–Sin duda. Hay que tener en cuenta que es la primera enfermedad epidémica con alta mortalidad de este siglo y que en los últimos 100 años, después de la epidemia de 1918, no ha habido nunca, con carácter global y universal, una enfermedad tan grande. Eso basta para decir que estamos haciendo historia con un suceso, pero es que no hay que olvidar que tiene consecuencias, no solo económicas y demográficas, sino que este tipo de enfermedades puede cambiar mentalidades.

–¿Y será un capítulo negro?

–Con una mortalidad como la que estamos teniendo, negro es, porque es una mortalidad en buena medida catastrófica, aunque se ciñe a una población por encima de 65-70 años.

–Se ha comparado lo que estamos viviendo con la gripe del siglo pasado y con algunas pestes ¿realmente se pueden establecer esas similitudes?

–Las similitudes están sobre todo en los comportamientos, que es lo que más me ha sorprendido a mí. En 2020 la gente está teniendo comportamientos que son propios del siglo XVI, XV, e incluso del XIV. Hay muchas personas con un pánico excesivo, casi fobia a la enfermedad, que se enclaustran de una manera exagerada, que evitan cuando se encuentran con alguien y que van con guantes a todas partes. Luego está todo lo que hay de irracional en la enfermedad, como los bulos, que funcionan tanto con falsas creencias como con ideas casi mágicas en algunos aspectos, se buscan siempre remedios que van a resolver todo de golpe, lo que ha sucedido con la hidroxicloroquina. También están ciertos sentimientos de culpabilizar a alguien. Y otro aspecto muy significativo ha sido el de las huidas que se han producido, la gente se marchó de las ciudades, muchos se fueron a la casa del pueblo, a una urbanización y están allí atrincherados. Me recuerda mucho a los episodios de una enfermedad que conozco bien como es la peste: huir pronto, lejos y volver tarde, esas tres cosas se pueden ver aquí y reflejan esa irracionalidad que hay cuando nos enfrentamos a una enfermedad que desconocemos.

–De hecho, al principio casi nadie decía que había tenido COVID porque era como un “apestado”, ¿no?

–Sí. Yo he tenido la experiencia de ir por la calle y toser de forma natural y un señor me miró que me sentí casi como un criminal. Hay demasiada histeria, es una fobia social.

–Y según la historia, ¿este tipo de epidemias dejan huella o se olvidan pronto?

–El ser humano es desmemoriado y optimista por naturaleza. En el momento de integrar el pasado en la vida, el optimismo de la condición humana hace que las cosas se olviden. Creo que las personas lo superarán, habrá quien se vea más afectado por la muerte de un ser cercano y sin poder tener el duelo necesario. Fuera de eso, si se vuelve a la normalidad, en unos meses se olvidará lo vivido y quedarán más las anécdotas, pero conclusiones sobre el hecho, lamentablemente, quedarán pocas para las personas y para los gobiernos y políticos tengo muchas desconfianzas. Los políticos siempre toman decisiones en el corto plazo y aquí habría que tomar decisiones mucho más a largo plazo.

–De hecho el Gobierno ha pasado de pedir un mes de estado de alarma a decir que podría haber localidades sin él.

–En eso es donde se ha visto realmente lo endeble del Estado español frente a un problema de esta magnitud. Me produjo perplejidad, sorpresa y hasta miedo cuando el Estado hace tres meses tuvo que pedir, casi implorar, que las clínicas privadas diesen mascarillas porque el sistema público se encontraba desabastecido de algo tan imprescindible. Esto te hace pensar cómo estaríamos ante otras situaciones que pudieran suceder, no una pandemia, sino una catástrofe nuclear. ¿Tiene el Estado medios para ofrecer una mínima cobertura? Lo que se ha visto con la epidemia es que no. Ahí es donde hay que hacer una reflexión muy seria. Una de las críticas que siempre se hace a la historia, a los remedios que se buscaban para las epidemias, es que inmediatamente después de que desparecieran, los métodos de defensa, como los hospitales, se desmantelaban y cuando volvía otra epidemia cogía a todo el mundo desprevenido, aquí yo creo que pasa igual.

–Hay tratamientos para enfermedades muy complejas, pero no se previó algo así.

–Bueno, hay que tener en cuenta que es una enfermedad vírica, que son las que tienen medicamentos más complejos. En la mente de todos está el SIDA, aunque sea un retrovirus y no un coronavirus, pero tampoco la gripe tiene un tratamiento específico. Las enfermedades víricas no son susceptibles de tratamientos tan inmediatos y espectaculares como suelen tener las enfermedades bacterianas.

–¿Cómo piensa que marcará a la Historia de la Ciencia?

–Hay que preguntarse qué va a significar el coronavirus dentro del equilibrio de enfermedades en el que nos encontramos. Ha aparecido una enfermedad nueva, con carácter universal, y tendrá que hacerse hueco dentro de las otras enfermedades. ¿Va a ser algo que desaparecerá pronto? Hay expertos que dicen que tras esta pandemia retrocederá y lo que volverá será mucho menos virulento, pero no se sabe. La pregunta que hay que hacerse, más allá del episodio concreto, es qué significará esta enfermedad dentro del equilibrio de las enfermedades infecciosas, que son las producidas por agentes vivos que compiten dentro del mundo biológico en el que estamos.

–De hecho este año la incidencia de la gripe ha sido baja, ¿es por ese equilibrio?

–Claro, es que una de las cosas más curiosas es que las enfermedades dentro de este equilibrio compiten, de forma que unas desplazan a otras.

–¿Y a nivel médico y de organización va a suponer esta pandemia un antes y un después?

–Ya está cambiando la organización médica, es decir, que se esté pensando en crear una especialidad de enfermedades infecciosas con carácter monográfico es muy significativo.

–¿La pandemia ha reflejado el desarrollo y la preparación de cada país?

–Sí, se ha reflejado quién tenía contactos para conseguir rápidamente suministros. Que hayamos tenido que ir a través de intermediarios a pedir ayuda demuestra que el país tiene unas limitaciones. Hubo países que estaban muy provistos para estas situaciones de emergencia. En los países nórdicos, como Finlandia o Suecia, hay medios logísticos y de cobertura con una serie de elementos para protegerse, nosotros somos muy periféricos.Por otro lado, tenemos un sistema de convivencia política que sigue siendo muy primitivo. Si miramos a Portugal vemos la diferencia.

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