10 diciembre 2019
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Amenábar: “Me encantaría que la película despierte curiosidad por visitar Salamanca”

“Mi compromiso era ajustarme al espíritu de lo que sucedió aquellos tres meses de 1936”, explica en una entrevista para LA GACETA

04 oct 2019 / 20:00 H.

Alejandro Amenábar es un imán para la taquilla. El tirón del cineasta, que cuenta con un Oscar por “Mar adentro”, se mantiene con “Mientras dure la guerra”, que incluye multitud de localizaciones en Salamanca. El idilio entre el director y el público continúa intacto.

–“Mientras dure la guerra” ha sido la película más vista en las salas comerciales en el primer fin de semana de su estreno. ¿El éxito de público es el mejor premio?

–Para mí, desde luego. El mejor premio es la conexión con la gente. Y también me agradan mucho las reacciones en las salas.

–¿Qué reacción hay en las salas de cine?

–A la gente le llega mucho la película y conecta perfectamente con “Mientras dure la guerra”. Me dicen que la gente aplaude en las salas y que la película emociona. Y es lo que pretendía: que se entendiera y que emocionara. Que los espectadores llegaran a ella por el lado de la emoción.

–¿Era consciente, cuando escribía el guion y cuando rodaba “Mientras dure la guerra”, de que estaba facturando una película comercial?

–Eso nunca se sabe. Cuando hice “Los otros” pensaba: ¿a quién le va a interesar la historia de una señora encerrada en un caserón con sus hijos? Y luego ha sido mi película más taquillera. Eres consciente de si la historia es buena y de si vas a poder entregarte. Y en esta historia encontraba siempre un ángulo fácil para entregarme, que era el de Miguel de Unamuno. Contada desde ese prisma, me resultó muy fácil meterme en la historia. También pienso en el “yo espectador” y hago la película que a mí me gustaría ver en la pantalla. Luego hay que ver si eso coincide con lo que el público quiere.

–Escribió el guion muy rápido junto a Alejandro Hernández.

–Fue bastante rápido porque nos centramos en Unamuno, en los tres primeros meses de la Guerra Civil, y en todo lo que rodeaba a Franco en aquellos tres meses. Documentarnos y casar las dos tramas no nos llevó mucho tiempo. Luego es verdad que el guion tardó en financiarse. Pero, sin problemas de financiación, la película podía haberse estrenado perfectamente hace un año.

–Pero se documentó mucho antes de escribir el guion.

–Leí todo lo que me iban pasando y descubrí mi absoluta ignorancia respecto a este periodo, pese a que yo fui buen estudiante y buen estudiante de Historia, también. Por eso he dicho que tengo la sensación de que toda una generación hemos pasado un poco de puntillas por la Guerra Civil. Y sí leí mucho: la biografía de Franco de Paul Preston; la Guerra Civil de Hugh Thomas; a Emilio Salcedo, al matrimonio Rabaté, a Luciano González Egido, a Jon Juaristi... Y siempre centrándome en esos meses de la vida de Unamuno, aunque, por supuesto, tienes que tirar para atrás para ver de dónde procedía este apoyo casi romántico de Unamuno a los soldados que venían, según creía él, a poner orden.

–¿Qué escenas fueron las más complicadas de rodar?

–Una escena clave, por todo lo que se ha dicho que pasó o no pasó, fue la del Paraninfo el 12 de octubre de 1936, que está rodada en el Colegio de Médicos de Madrid. E, intentando ser fiel a lo que sucedió, con lo que dicen unos y otros, rodé mi propia versión de lo que dijo Unamuno respecto a España, que es de lo que se habla en la película. Eliminé la referencia a Rizal, porque habría que explicar al espectador de hoy el conflicto de Filipinas. Pero mantuve las referencias a Cataluña, País Vasco y la Anti-España que están entre las notas que tomó Unamuno durante aquel acto. Creí que todo eso tenía mucha resonancia hoy en día.

–Se ve como amartillan las armas en el Paraninfo. Y como director, resuelve la salida de la Universidad con Carmen Polo tendiendo la mano a Unamuno para abandonar el acto, aunque el testimonio unánime es que le tendió el brazo.

–Es más cinematográfica una mano. Y en diversos testimonios leí que se amartillaron las armas en el Paraninfo y para mí fue difícil renunciar a ese momento.

–¿Le abrumó en algún momento el peso de la historia?

–La película es un ejercicio de responsabilidad, pero también hay reescritura. Cuando escribes un guion intentas dinamizar, simplificar, sin dejar de ahondar en la historia. Tenía el compromiso de ajustarme al espíritu de lo que sucedió. Sé que no existió el encuentro entre Millán-Astray y Unamuno la víspera del acto del Paraninfo, pero estaba en el espíritu de lo que podía haber pasado. No fui más allá en otros aspectos porque era jugar con fuego y ya estaba tratando con un material altamente inflamable.

–Tampoco existió un encuentro en la Catedral con el obispo citando a El Cid.

–No existió, pero se sabe que el obispo y el capellán de Carmen Polo desarrollaron la idea de la guerra como una gran cruzada espiritual. Eso es algo que sí se despierta en Franco esos meses.

–¿Qué claves interpretativas dio a los actores que interpretan a Unamuno, Franco y Millán-Astray?

–A Karra Elejalde le dije que jugara a la contención y que redujera su abanico expresivo para ser Unamuno. Que en determinados momentos viéramos al Unamuno más volcánico o que se rompe, pero que intentase componer un personaje seco y frío. A Karra no hay que pedirle que dé verdad al personaje y en el momento en que pronunció el discurso en el Paraninfo, yo sabía que iba a resonar al 12 de octubre de 1936, pero también al momento actual. Cuando veo esa escena, incluso después de todas las veces que he visto la película, tengo la sensación de que formo parte del patio de butacas del Paraninfo. Yo quería conectar la presencia de Karra con los extras que le están escuchando. Y fue curioso cómo los extras le empezaron a aplaudir entusiasmados a partir de la tercera toma.

–¿Y a Santi Prego para ser Franco?

–Jugamos a componer un personaje con ambición sin renunciar a ninguna de las limitaciones oratorias de Franco, que formaban parte del personaje. Es como si haces “Yo Claudio” y renuncias a que sea tartamudo. Yo quería que tuviera esa vocecita, esa dicción y que manejara los tiempos de ese modo tan extraño. Por lo visto, desarmaba así a sus oponentes en las reuniones. Quería también que a ratos fuera indescifrable lo que se escondía en su mirada y que, por otro lado, fuera inquietante. Y, por supuesto, que infundiera respeto. Santi Prego ha hecho un trabajo muy ambicioso con su personaje de Franco.

–¿Qué le dijo a Eduard Fernández para interpretar a Millán-Astray?

–Le dije que se divirtiera. Al leer sobre Millán-Astray ves que era un personaje muy excesivo. Pero por encima de todo, yo le decía que se divirtiera porque seguro que era un tipo que, a pesar de todas las heridas que había recibido en su vida, se levantaba con el mejor ánimo.

Amenábar: “Me encantaría que la película despierte curiosidad por visitar Salamanca”

–Unamuno hojea LA GACETA REGIONAL de la época, igual que su hija María.

–Fui yo quien decidió que leyera ese periódico y, a última hora, cambiamos el titular que lee Unamuno para que los espectadores lo entendieran mejor.

–En Salamanca estamos entusiasmados con todas las localizaciones de la ciudad que aparecen en la película. Pensamos que puede contribuir a promocionar la ciudad.

–Salamanca es una ciudad espectacular y preciosa, un valor de producción para el mundo del cine de primer orden. Para nosotros era un valor añadido en la película. Y si tenemos en cuenta las facilidades que nos han dado para rodar tanto las instituciones como la gente, tengo muy buen recuerdo del rodaje en Salamanca. A pesar de que la lluvia nos dio un disgusto porque cayó una riada que casi se llevó todo el equipo por delante el primer o el segundo día de rodaje. Menos mal que esa jornada habíamos terminado de rodar. Yo, que intento sacar partido de todo lo que tengo, quería que Salamanca y la Universidad se vieran lo más bonitas y espectaculares posibles. Me encantaría que eso tuviera una repercusión y despertara la curiosidad de la gente por visitar lugares que aparecen en la película.

–¿Qué recorrido internacional va a tener “Mientras dure la guerra”?

–Depende del impacto que pueda tener en España. La conmoción que causa en algunos espectadores tiene que ver con el concepto de España, con lo que yo he llamado nuestros traumas con nuestra identidad. Cuando presentamos la película en Toronto no se estableció ese tipo de relación, pero sí me gustaría que la película se acabe distribuyendo en todo el mundo.

–Quizás interese más en países que hayan pasado grandes conflictos bélicos.

–Sí, creo que en países “más viejos” les puede llegar más. Al presentar la película en Canadá dije que los conflictos que plantea son cercanos en el tiempo y en el espacio porque su país vecino tiene un dirigente que me parece de todo menos sensato.