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Carmen y Blas demuestran que incluso entre dos personas es casi imposible abarcar con los brazos el tronco del cedro de La Alamedilla. LAYA
El abuelo de La Alamedilla, el cedro que ha visto crecer Salamanca

El abuelo de La Alamedilla, el cedro que ha visto crecer Salamanca

Con sus más de 120 años y una altura superior a los 25 metros, el conocido popularmente como 'Pino de San José' es el árbol más viejo del céntrico parque de la ciudad

Viernes, 29 de marzo 2024, 06:50

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«Este árbol está aquí desde que yo era pequeña», recuerda Carmen mientras señala con su mano al cedro que eleva su copa por encima de todos los demás en el parque de La Alamedilla. El árbol al que se refiere es el conocido popularmente como 'Pino de San José', el más alto y antiguo del lugar. Un ejemplar que ha visto crecer a generaciones y generaciones de salmantinos.

Así lo recuerdan Carmen y Blas una pareja de octogenarios que rememoran los años de su infancia jugando alrededor de este monumento natural. «Cuando yo era pequeño mi padre me traía y me decía: mira lo grande que es, no se abarca con los brazos», cuenta Blas sobre el árbol que supera los 120 años y cuya altura hace soltar suspiros de asombros a quienes visitan el conocido parque de la ciudad.

Un árbol que tiene un espacio especial en la memoria colectiva de los salmantinos. Tanto es así que, como a los amigos de toda la vida, los visitante más veteranos del parque no lo conocen por su nombre de pila, sino que lo llaman cariñosamente el 'Pino de San José'. Una forma curiosa de dirigirse a él. Sobre todo porque, en realidad, no se trata de un pino sino de un cedro, específicamente de la variedad del Líbano o del Himalaya, dependiendo de a quien se le pregunte.

En 2018, el árbol fue clasificado como un cedro del Líbano. Sin embargo, para algunos expertos esto no está del todo claro. Ese es el caso de Juan Manuel Velasco, autor del libro 'Patrimonio verde urbano: parques y jardines de la provincia de Salamanca', quien destaca que en una primera ocasión pensó que el cedro podría ser del Líbano, pero que analizándolo mejor ahora se inclina a pensar que es un ejemplar del Himalaya o un híbrido entre ambas especies.

Bien sea de una especie o de la otra, lo que es un hecho es que el cedro de La Alamedilla está incluido en el Catálogo de Especies Singulares de Castilla y León, una guía que reconoce los árboles más relevantes de Salamanca y que incluye las fichas de 112 árboles de la provincia, 16 de estos ubicados en la ciudad.

En estas fichas en 2018 el ejemplar tenía un diámetro de 4,30 metros a 1,30 del suelo y una altura superior a los 25 metros. Un tamaño que sitúa su edad entre los 120 y los 130 años. Convirtiéndolo en el segundo árbol más antiguo de la ciudad, solo superado por la emblemática Secuoya de la Universidad. Y que, además, lo transforman , según algunas mediciones, en el árbol más alto de la ciudad. Así lo considera el Doctor en Biología Vegetal, Juan Manuel Velasco, quien ubica su estatura por encima de los 28 metros. No obstante, los datos del Ayuntamiento reflejan una altura de poco más de 25 metros, lo que lo colocaría dos metros por debajo de la imponente Secuoya de la Universidad, con la que se pelea el puesto del árbol más alto de la capital del Tormes.

La historia de este patrimonio natural de la ciudad se remonta a cuando apenas construyendo la estación ferrocarril de Salamanca. En ese entonces, en las cercanías de la construcción había una finca en la que los trabajadores dejaban los materiales de la obra. Entre 1880 y 1890 este terreno se cedió al Ayuntamiento que decidió utilizarlo para ampliar el pequeño triángulo verde que era en ese entonces La Alamedilla. En ese momento se sembraron los árboles que empezarían a darle forma al parque. Con el pasar de los años el paisaje del lugar mutó. Algunos árboles se secaron y murieron; otros no resistieron los ataques de la naturaleza y unos últimos fueron tumbados o hubo que talarlos, como fue el caso de los «Álamos negros», de los que cuenta la leyenda toma su nombre el parque. Todos menos uno: el árbol de 'San José' que ha persistido hasta nuestros tiempos para convertirse en el monumento vivo más longevo de La Alamedilla.

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