21 julio 2019
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250 antiguos estudiantes celebran los 40, 50 y 60 años de su graduación en la Universidad

Algunos estudiaron en Salamanca y aquí se quedaron, pero otros han venido incluso desde Estados Unidos

15 jun 2019 / 19:28 H.

Ilusionados como el día en que se graduaron hace 40, 50, 60 o más años, así estaban este sábado los más de 250 antiguos estudiantes de la Universidad de Salamanca que participaron en la imposición de becas organizada por Alumni-USAL.

Recibió los aplausos de todo el Paraninfo Alfredo López Santolino, posiblemente el más veterano de los representantes de Medicina. Y sola también recibió el reconocimiento Olga Omatos, de Filosofía y Letras del 59. “Siento una emoción inenarrable”, afirmaba sin parar de moverse Rafael Alexandre Montalvo, de la promoción de 1969 de la Filosofía y Letras, y es que, como él mismo reconoció, estaba muy emocionado por reencontrarse con sus compañeros. Dedicó su vida a la enseñanza de griego, de hecho montó el taller de griego moderno en Extremadura, y ahora vive feliz en un pueblo de Badajoz, jubilado, al igual que el resto de sus compañeros, entre ellos el que fuera vicerrector, José Antonio Fernández.

En el acto también había otras caras conocidas como la de Pablo de Unamuno, nieto del más famoso rector del Estudio, y el exalcalde Jesús Málaga.

Algunos estudiaron en Salamanca y aquí se quedaron, pero otros han venido desde Estados Unidos, como Henry Sacerio, de la promoción de Medicina de 1979. “Elegí Salamanca para estudiar porque tenía algunos amigos aquí y fue lo mejor que hice”, recuerda el médico estadounidense dedicado a la medicina interna.

Balbino García Criado, de Ciencias Químicas de 1969, centró su actividad en Salamanca, primero como profesor y luego como investigador del CSIC, llegando a dirigir el IRNASA. El zamorano Vicente Martín (Medicina, 1969) desarrolló su carrera como traumatólogo en Tarragona. “Estudiar en la Universidad de Salamanca lo ha significado todo en mi vida”, reconocía ayer y lamentaba que sus hijos no hubieran elegido el centenario estudio para realizar sus carreras, aunque no pierde la esperanza de que algún día sigan sus pasos sus nietos.

Un ejemplo de que el espíritu universitario permanece vivo.

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