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CULTURA

Pere Ponce: "En este oficio estamos empezando cada día, no hay galones adquiridos"

El actor se mete en la piel de Rousseau este sábado en el Liceo, en un duelo dialéctico con Voltaire. "Flotats defiende un teatro inteligente y elegante", apunta

09.02.2019 | 12:02
Pere Ponce.

Pere Ponce (Tortosa, 1964) comenzó Psicología pero le atrapó el mundo de la interpretación, un "precipicio" que le permitió descubrirse y lidiar con su timidez. Este sábado llega al Liceo con "Voltaire/Rousseau. La disputa".

–Rousseau acude donde Voltaire cuando es acusado de abandonar a sus cinco hijos.
–El panfleto el "Sentimiento de los ciudadanos" le acusa de una doble moral. Rousseau ha escrito "Emilio", donde aboga por una nueva pedagogía en amor y libertad. Con ayuda de Voltaire se esclarece quién está detrás del panfleto.

–En la vida real, Voltaire le tenía bastante antipatía a Rousseau.
–Pero se van retroalimentando y con sus escritos se van contestando el uno al otro. Son dos figuras complementarias. En esa confrontación dialéctica van encontrando su propia voz.

–En el duelo entre Voltaire y Rousseau, el espectador tiene que estar atento.
–Es un teatro de texto; la acción es a golpe de palabra. Pero también de emoción. Estos dos filósofos tienen las inquietudes del ser humano en relación a la educación de los hijos, a cómo debe ser el Estado, la justicia social, las relaciones entre las personas... Pero no es un texto denso. No se necesita conocer el pensamiento de estos dos filósofos para disfrutar de la función. La obra tiene mucho humor, mucha retranca. El público a veces está con Voltaire y a veces, con Rousseau. Esa dualidad enriquece la obra. Son dos personas que se escuchan y valoran la opinión del otro. Se tienen cierta animadversión, pero cierto respeto. Y el texto resulta muy cercano para el espectador. Es un puente entre el público de hoy y estos personajes del siglo XVIII que son los padres del Estado moderno: de la separación de poderes, el sufragio universal...

–Flotats dirige y actúa.
–Josep Maria Flotats defiende un teatro de texto, elegante, inteligente, con mucha ironía, que sirva para la reflexión. Es muy exigente con eso, pero también muy generoso con el otro actor. Una vez que nos subimos al escenario, solo están Voltaire y Rousseau. Flotats es un gran actor y un gran maestro. Empecé en su compañía (que fue el embrión del Teatro Nacional de Cataluña) cuando yo tenía 19 años. Aprendí mucho. Tenía una manera de hacer que entronca con la Comédie, con el teatro más europeo y con la exigencia y la reflexión sobre el oficio del actor y la misión del teatro en la sociedad. Aquel discurso me sedujo. Y cuando me llamó para hacer esta obra no dudé. Me apetecía mucho volver a ese laboratorio de ideas.

–¿No habían vuelto a coincidir desde entonces sobre las tablas?
–No, pero le he seguido mucho. Es uno de los grandes actores vivos del planeta y un gran referente con su manera de hacer tan artesanal, de orfebre. Ves caras de actores jóvenes en las series, pero hay que recurrir a referentes de su talla que siguen activos. Y yo lo disfruto cada noche en la función.

–¿Qué es lo último que hace Pere Ponce antes de salir a escena?
–Mirar que lo tengo todo bien abrochado...

–Y la bragueta cerrada...
–Es fundamental comprobar que tengo todos los elementos que voy a utilizar. Y, sobre todo, entrar en situación. En otras obras piensas que viene un momento delicado o farragoso... Y en esta función no me pasa. Todo fluye de otra manera y la obra se pasa volando.

–¿Qué más tiene entre manos?
–Estoy rodando una serie para Antena 3 que se llama "45 revoluciones", sobre el mundo de la música en los años 60 en España, con una visión de las discográficas y de cómo se crea un éxito desde un país gris, casposo y franquista, pero con la ventana abierta a las nuevas músicas: al rock and roll, al pop y con el fenómeno de las fans.

–¿Sigue haciendo castings?
–Sí. En este oficio no hay galones adquiridos. Estamos empezando cada día, lo que es una lección de humildad. Es una profesión que por su intermitencia tiene su intríngulis, pero es apasionante zambullirte en los personajes para conocer otros mundos e ideas. Y estar con nuevos equipos, nuevos guionistas, nuevas ideas... Me alegro de haber encontrado una profesión que me gusta, en la que no miro el reloj y que me fascina.

–En "Cuéntame" le mataron los guionistas.
–Eugenio era un excura que lo había hecho todo: se había casado, divorciado... Estar tantos días en televisión te da confianza con las cámaras y es como un gran taller de interpretación continuada. Fue una experiencia vital divertida.

–"Amo tu cama rica" (1991) cambió su vida.
–Ariadana Gil y yo estábamos haciendo teatro en Barcelona. Nos llamaron para hacer unas pruebas y fue la primera película que hicimos en Madrid. Era una comedia con personajes jóvenes. Fue una apuesta novedosa de Emilio Martínez Lázaro, David Trueba y Martín Casariego por refrescar el panorama cinematográfico. Para Ariadna y para mí esta película fue un salto. Nos dio a conocer.

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