CURIOSIDADES

La "otra" Universidad de Salamanca está en California

A 9.227 kilómetros de Salamanca, en el corazón del parque urbano más grande de EEUU, San Diego acoge desde hace 91 años la réplica más aproximada que existe de la fachada universitaria

29.11.2018 | 10:00
Fachada del Museo de Arte de San Diego.

Probablemente algún turista español que deambulase distraído por el parque Balboa de la ciudad de San Diego, en California, tuvo que frotarse los ojos varias veces ante una fachada que le resultaba familiar. La Universidad de Salamanca tiene una embajada no reconocida en esta importante ciudad fronteriza con Tijuana (México). Allí disfrutan desde 1926 de la réplica más fiel de la mundialmente conocida fachada plateresca del Estudio salmantino. Eso si, dejémoslo claro cuanto antes: no es de piedra de Villamayor —ni siquiera de piedra real— ni hay rastro de la rana y de la calavera.

La 'otra' fachada de la Universidad da lustre al edificio del Museo de Arte de San Diego, erigido en el año 1926, Se trata de uno de los edificios de estilo colonial español que caracterizan a la bella e inmensa plaza de Panamá en Balboa Park, un enorme cuadrilátero verde que acoge algunos de los principales museos de la ciudad. El pasado español está muy presente en esta parte de San Diego, que con casi 1,4 millones de habitantes es la octava ciudad con mayor población de estados Unidos y la segunda de California después de Los Ángeles, situada 200 kilómetros al norte.

La exposición internacional Panamá-California celebrada en 1915 y 1916 para festejar al apertura del canal de Panamá fue el origen de esta historia. La necesidad de levantar un nuevo museo que acogiera en condiciones muchas de las obras que se presentaron en esa muestra propició el proyecto arquitectónico que fue encargado a William Templeton Johnson, arquitecto formado en la Escuela de Bellas Artes de París y buen conocedor de la arquitectura española. Johnson, cuyo estilo más cercano al renacimiento español difería del florido español colonial de otros edificios de la exposición, diseño un inmueble clásico y en lugar de la típica arcada de entrada optó por copiar la fachada de la Universidad de Salamanca, obra cumbre del plateresco que Johnson admiraba.

El resultado tuvo su mérito, aunque el atractivo de la obra se pierde en el amplio emplazamiento en el que se ubicó, a diferencia del recoleto Patio de Escuelas, cuyo reducido espacio realza la espectacularidad de la fachada universitaria.

De las tallas ornamentales se encargaron Chris Mueller y su hijo Chris Jr., quienes introdujeron ligeras variantes en los motivos, cuya complejidad original desbordaba claramente la capacidad de estos 'canteros' estadounidenses. Por indicación de Johnson, los Mueller introdujeron bustos de los pintores José de Ribera y El Greco y pequeñas estatuas del San Jorge de Donatello, el David de Miguel Ángel, relieves y galeones de España y Estados Unidos.

Los hermanos Piccirilli, que firmarían en Nueva York obras emblemáticas en el edificio de la Bolsa o el arco de Washington Square, aportaron tres esculturas de Murillo, Zurbarán y Velázquez que presiden el centro de la fachada, invocando tal vez la posibilidad de que los mecenas que costearon el edificio adquiriesen alguna obra de estos prestigiosos artistas.

La fachada del Museo de Artes de San Diego tuvo que ser restaurada en 2009. Los frecuentes terremotos de la zona habían acelerado el deterioro del pobre material de fundición, con apariencia de piedra, con el que se construyó. Los parches aplicados sólo agravaron su estado y la introducción de acero inoxidable y hormigón armado aportó la deseada consistencia. De esta manera, pudo retirarse por fin el antiestético tejadillo colocado sobre la puerta de acceso que durante Johnson firmó un diseño clásico y en lugar de la típica arcada de acceso copió la fachada de la Universidad años había protegido a los visitantes del museo de que un fragmento de la paleta de Zurbarán les cayese en la cabeza.

Seguramente los Mueller nunca tuvieron oportunidad que aprender la técnica ancestral de la talla en piedra arenisca de Villamayor, pero el joven Chris hizo carrera en Hollywood, donde se encargó de los efectos visuales en películas como "20.000 le guas de viaje submarino" (1954) y "Tiburón 2" (1978).

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