HISTORIA

Prostitución, juergas, drogas y calles de barro. Cuando el Barrio Chino de Salamanca era el Barrio Chino

La construcción del Palacio de Congresos en 1992 dio carpetazo a un lugar que fue referencia nacional de la juerga de artistas, toreros, señoritos y obreros, salmantinos y forasteros

26.11.2018 | 09:29
El Barrio Chino de Salamanca.

Fue el centro de la vida salmantina desde los años cuarenta hasta mediados los setenta. Después la venta y el consumo de la heroína cercenaron el espíritu y la solera del Barrio Chino de Salamanca iniciando su decadencia, ya imparable. La inmejorable situación al lado del centro de la ciudad hace que el precio del suelo se dispare y comienzan los derribos masivos de emblemáticos edificios para dar paso a construcciones modernas y edificios residenciales de alta calidad. La finalización del Palacio de Congresos en 1992 da el golpe de gracia y hace veinte años se derriban las primeras casas de lo que fue "El pequeño París" nacional. Los "fantasmas" de grandes toreros, cantantes míticos y destacadas madames siguen vagando por las calles de tan singular zona.

Los personajes. Desde el periodo de la Guerra Civil y hasta el principio de los años ochenta del siglo XX, la vida del Barrio Chino gozó de un periodo de esplendor comparable al de los siglos anteriores. En estos años 1940-1945, el histórico barrio chino de Salamanca, vivió la época de mayor esplendor, y como las Madames de entonces administraban los dineros de la gente de las minas, como las famosas: Margot, La Peque, y la Petra y la famosa Dolores Campos, que después con el nombre de la Mara, fue la reina del sexo y desenfreno en aquellos años. Llamándose a Salamanca la Roma La Chica por sus monumentos, la Atenas Castellana por el saber de su Universidad y la pequeña Paris por la abundancia y calidad de sus burdeles, destaca el cirujano David Rodero en su blog.

"La Margot" ha sido popular en Salamanca, Castilla y el mundo entero. Hay que señalar con urgencia que regentó una casa de "lumis", o de lenocinio, prostitución o "tapado" que decían los más cultivados o finos, destaca el escritor Pedro Mari Azofra.

Se dice que Margot fue la primera persona no familiar que orientó a Rafael Farina, que lo acogió en su casa, le vistió y le enseñó a peinarse, utilizar aseos y "hasta cortarse las uñas" como confesaba el mismo Rafael.

Los locales míticos del Barrio Chino

El cabaret "Dancing" estaba en la calle Ancha haciendo esquina con Tahonas Viejas. Posteriormente se llamó Chacarrín.

En la calle Esgrima estuvo el cabaret "Manolita", que llevaba tal nombre debido a que Manuela se llamaba su principal animadora.

Posteriormente se llamó "Columba" y junto a él y a la casa de Pepita la Cachonda estaba "La Terraza". Eran los tres cabarets en ejercicio. La Churrería, el Corralón, El Te Moruno, Pitecos, el Piky, el Chapas, El Sevilla, La Pilarín, las Cinco estrellas, El Shanghái, Edén Concert, Casa La Petra, otros lugares.

Para la clientela el Barrio se convertía en un centro de atracción, donde lo mismo señoritos que obreros coincidían en este ambiente.

Algunos locales cerraban a altas horas de la madrugada para los clientes de mayor poder adquisitivo, como los ganaderos y algunos terratenientes agrícolas ,que pasaban las jornadas nocturnos con buena compañía femenina, en los locales que se llamaban: Casablanca, Florida, Bar Sol y Serrano, añade el doctor.

"En los años sesenta, el Barrio Chino de Salamanca tenía 19 bares, hubo más en casa que ya no existen", destaca el escritor salmantino César Hernández Barreña. "También había casas de citas", añade, "que para poder entrar se tocaba una contraseña con los nudillos en la puerta. Estaban las casas de La Margot, La Inés, La Argentina, La Petra, La Merche, las Conchas, La portuguesa, La Nicolasa, Las Cinco Estrellas que en la Guerra Civil la trajeron los alemanes.

Otras prostitutas conocidas fueron La Sagrario, que había ganado lo suficiente para montar una casa con señoras metidas en años. También La Mani, La Manolita , añade César Hernández.

"Al Barrio Chino acudían a cantar y a bailar y a la juerga, artistas, gente pudiente a la que se arrimaban otros con menos recursos. Farina y sus hermanos iban con frecuencia, con Manolo de Vega".

Añade César Hernández, "en general gente pudiente, gente de los pueblos que traía al hijo al Ejército, a hacer negocios, artistas, toreros que venían a las corridas al uso y a los tentaderos, estudiantes con posibles, curas, militares y gentes de otras provincias a pasar un rato y hacer parada en Salamanca, en uno de los barrios chinos más famosos de España".

Los accesos. En cuanto a los accesos a las casas del Barrio Chino, los había más discretos y otros no. El principal era el de la calle Ancha, era muy reservado por la noche, por su oscuridad.

También la calle Cañizal era muy oculta", recalca Hernández Barreña, quien recuerda otras entradas al barrio como la calle Placentinos, Cervantes o la calle Fonseca, zonas poco concurridas ya que el ambiente estaba dentro de las casas.

Y en este ambiente estaban los que se arrimaban a los señorones para beber gratis, para seguir la juerga hasta altas horas de la madrugada o primeras horas de la mañana y, en el mejor de los casos, con el día bien entrado. "Había una especie de código de honor, que si te encontrabas con amigos, ni te saludabas para no sonrojar al otro y viceversa en su vida privada".

Coincidiendo con los aires de cambio de la ola tardía de liberación sexual que recorrió España al final de la Transición comenzó una imparable decadencia del lugar cuando el barrio se convirtió en el centro del tráfico y consumo de heroína.

La estatua de Rafael Farina, obra de Agustín Casillas y una modesta casa en la calle Cervantes son los únicos recuerdos que permanecen en pie de una zona en la que brillaron sus noches de desenfreno.

Farina comenzó en este entorno su extraordinaria carrera de cantante, bajo la protección de La Margó y La Carmina. En noviembre se cumplirán veinte años de su muerte.

Se dice que fue La Margot la primera persona no familiar que orientó a Rafael Farina y le enseñó a asearse.

Fotografías: Pedro M. Azofra, Vicente Sierra Puparelli y Archivo

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