ACOSO

El brutal caso de un niño salmantino víctima de acoso

La madre de un pequeño que lleva ocho años sufriendo acoso escolar dentro y fuera del aula relata el "infierno" vivido por su hijo

09.02.2018 | 17:41
El pequeño Samuel junto a su madre Almudena.

Piense en el peor día de su vida e imagínese que esas veinticuatro horas se repitieran en bucle a lo largo del tiempo. Todos los días y todas las noches, desde que abre los ojos hasta que los cierra, aunque a veces incluso eso sea imposible. Ahora imagínese vivir con esa horrible sensación con tan solo seis años, tener catorce y que todo siga igual.

Esta es la vida de Samuel (nombre ficticio para no revelar su identidad). Su madre relata que lleva todo este tiempo viviendo un continuo "infierno" de agresiones, acoso psicológico, vejaciones, burlas e insultos, una actitud que ya se ha convertido en la rutina de tres chicos de su edad que decidieron "hacerle la vida imposible".

"Todo empezó cuando el niño tenía 6 años. Comenzó a recibir insultos por parte de ese grupo, le daban voces, se reían de él por cómo corría, hasta que comenzaron a pegarle en el recreo", cuenta su madre. La primera medida que adoptó Almudena, nombre irreal, fue comunicar la situación tanto a los padres de los agresores como a la tutora del centro educativo. La respuesta fue la misma: "lo vigilarían". Sin embargo, la situación no remitió y continuó no solo dentro de las aulas, sino también en la calle. "En 5º de Primaria me enteré gracias al padre de otro compañero que habían organizado una quedada a la puerta del colegio para pegarle. Ellos sabían que los profesores fuera no les iban a decir nada y se valían de eso". "Para mi hijo ir al colegio era un suplicio", insiste.

Así, la cosa se fue agravando a lo largo de Primaria hasta convertirse en una pesadilla. "En el fútbol le metían la cabeza en el váter. Una vez llegaron a cogerle en las duchas y le tiraron entre varios del pene hasta tal punto que tuve que llevarle luego al médico para que le pusieran antiinflamatorios ", relata.

A partir de ese momento Almudena, desesperada por encontrar una solución, se planteó cambiar al menor de colegio sin saber que lo peor estaba aún por llegar. Y es que, además de continuar el bullying, los agresores también incitaban a otros niños a que siguieran sus pasos. "Llegaron a pasar un folio en clase en el que obligaban al resto de la clase a comprometerse a no hablar a Samuel y reírse de él. Lo peor de todo es que los niños lo firmaban porque si no le hacían lo mismo".

El último de estos violentos episodios lo sufrió el verano pasado cuando grupos de hasta diez niños se presentaban todas las noches en su casa para tirar piedras y bolas a la ventana del pequeño. "Tuvimos que tener vigilancia de la Policía Local. Mi hijo no quería salir de casa, se daba golpes contra la pared, vivir era imposible. Samuel tuvo que empezar a medicarse y a tomar tranquilizantes porque no podía dormir. Yo habré perdido 15 kilos porque he estado meses sin poder dejar de llorar", añade. "Mi hijo no quiere cambiarse de centro porque dice que sería rendirse y yo no quiero denunciar porque creo que sería peor. Vivimos en el barrio y le señalarían. No quiero ir a un juzgado porque yo no quiero dinero, queremos paz".

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