DROGAS

El consumo de heroína se transforma y se resiste a disminuir en Salamanca

No se asocia en exclusiva a entornos marginales y se administra inhalada, a veces junto a otras sustancias

11.08.2014 | 10:33

Hace apenas un mes, las investigaciones de la Policía Judicial de Salamanca condujeron al desmantelamiento de dos puntos de venta de ´caballo´ en el barrio de Buenos Aires; una operación que se saldó con 6 detenidos y que impidió que la droga incautada pudiera ser distribuida en Burgos.

La heroína se sigue consumiendo aunque, generalmente, no de forma pura sino mezclada con cocaína.

"Se trata de dos drogas antagónicas, por lo que hay quienes recurren a la heroína para rebajar la excitación producida por la cocaína", señala Luisa Aluy Cofrades, que durante varios meses ejerció de psicóloga responsable de la primera fase de desintoxicación de Cáritas en Salamanca. "Además, el hecho de ser más barata que la cocaína hace que algunos traten de ahorrar recurriendo a la heroína"; es el llamado ´Efecto Don Simón´, por analogía con el fenómeno del botellón.

Con todo, y atendiendo al informe del Observatorio Proyecto Hombre de 2013, la heroína apenas supone un 2,7 % del consumo total en Castilla y León, mientras que la cocaína (21,5%), el cannabis (21,1%) y la combinación de alcohol y drogas (18,1%) copan las primeras posiciones de la lista.

La tónica se repite en Salamanca, donde sólo 4 de las 140 personas que han pasado por Proyecto Hombre Salamanca en lo que llevamos de año lo han hecho por su relación con la heroína.

Gran parte de quienes se enganchan a la heroína lo hacen para encontrar una vía de escape a situaciones que no saben enfrentar. "La gente no se hace cargo de sus problemas y busca una solución mágica que anestesie sus problemas", afirma la psicóloga Luisa. La misma razón explica el aumento en el consumo de analgésicos opiáceos con receta médica: "Es la adicción más importante en nuestra consulta", añade.

Mayor o menor en cantidad, de lo que no hay duda es de que el consumo de heroína es cualitativamente distinto al de la década de los ochenta. Mientras que hace treinta años se consumía generalmente inyectada, hoy en día se opta por inhalar los vapores de la heroína en base, calentándola sobre un papel de aluminio con la ayuda de un mechero. Se trata de un procedimiento que alarga el efecto de la droga durante horas y que, además, evita los tradicionales ´subidones´ tras la inyección.

El cambio en la vía de consumo obedece al miedo cada vez más extendido a contraer enfermedades infecciosas (como la hepatitis o el SIDA) y que ha convertido a las inyecciones en la vía de administración con peor reputación entre sus consumidores.

Así lo explica Esperanza González, coordinadora terapéutica de Proyecto Hombre Salamanca. "El problema es que convierten el consumo, ya sea individual o colectivo, en un auténtico ritual al que dedican hasta seis horas seguidas. Los consumidores pierden la noción del tiempo y acaban por desaparecer de su entorno familiar y laboral", asegura.

La droga se hace un hueco con independencia del nivel social, económico o educativo y eso ayuda a que su consumo se pueda disimular con mayor facilidad.

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