19 septiembre 2019
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Las obras en la Muralla de Ciudad Rodrigo sacan a luz este fantástico descubrimiento

Los trabajos en el adarve han destapado restos del palacio de Amayuelas. El Consistorio solicita autorización a la Junta para realizar una excavación arqueológica

23 mar 2019 / 10:09 H.

Las obras de rehabilitación que se están ejecutando en el adarve o paseo superior de la Muralla de Ciudad Rodrigo, en el tramo comprendido entre la Puerta del Conde y la Catedral, han posibilitado la salida a la luz de restos arquitectónicos del que fuera palacio de los Condes de Amayuelas, un edificio demolido en el siglo XVIII para ampliar el propio bastión defensivo mirobrigense.

“El proyecto de obra contaba con un seguimiento arqueológico de los restos que fueran apareciendo, pero la importancia de estas estructuras nos han llevado a solicitar a la Junta de Castilla y León un permiso para realizar una excavación arqueológica de mayor calado”, destacó esta semana el alcalde mirobrigense, Juan Tomás Muñoz.

El objetivo de esta solicitud es el de posibilitar la retirada de escombros con los que se taparon los restos del palacio durante los trabajos de ampliación de la Muralla “ya que además de la escalera de caracol que se puede apreciar en la actualidad, se tiene constancia de que en niveles inferiores se podrían conservar otras estancias del inmueble histórico desaparecido”, señaló el regidor mirobrigense.

La existencia de este palacio está ampliamente documentada, además de que a mediados del pasado siglo, cuando se abrió la conocida como “bóveda grande” de la Puerta de Amayuelas, los restos del histórico edificio pudieron ser estudiados y se extrajeron “gran cantidad de piedras talladas, algunas de ellas que fueron recogidas en el Claustro de la Catedral, por resultar interesantes, así como algunas de monedas de algún mérito por su antigüedad”, según cuentan las crónicas de aquellos años.

En este mismo tramo de obras, que comprende parte del tramo del adarve dedicado a la figura de Juan Martín Zermeño, han aparecido restos de lo que fuera la iglesia de San Isidro o San Isidoro, situada junto a la Puerta del Conde y de las que se pueden ver varios sillares con forma abovedada.

Mientras llega el permiso de la Dirección General de Patrimonio, “una vez que se ha trasladado al arqueólogo Nicolás Benet, toda la información y documentación relativa al antiguo palacio”, afirmó Juan Tomás Muñoz, las obras de rehabilitación de este tramo del paseo superior de la Muralla continúan paralizadas.

Una rehabilitación que fue adjudicada en septiembre del pasado año, aunque problemas administrativos surgidos con posterioridad retrasaron el inicio de la obra que sobre el plazo previsto de ejecución de cinco meses acumula ya un retraso en su finalización de dos meses.

Una vez que se obtenga el permiso para realizar la excavación arqueológica “el Ayuntamiento valorará la posibilidad de dejar los restos a la vista o documentarlos y proceder a taparlos de nuevo para una mejor conservación en caso de no contar con fondos suficientes”, afirmó Juan Tomás Muñoz.

LOS DETALLES

Un palacio construido en el siglo XV. El palacio de los Condes de Amayuelas se levantó en el siglo XV tras el matrimonio celebrado entre el Conde de Amayuelas con un hija de la casa de los marqueses de Cerralbo, un edificio que “tenía una extensión muy grande con todos los detalles y pormenores propios de las mansiones de los señores de aquella época”, afirman las crónicas al tiempo que señalan que “se tiene la creencia de que este palacio tiene galerías secretas que se comunicaban con el convento de San Francisco”.

Iglesia de San Isidoro o San Isidro. En la parte más próxima a la Puerta del Conde del paseo de la Muralla también han quedado al descubierto elementos arquitectónicos de la que fuera iglesia o capilla de San Isidro o San Isidoro, construida a caballo de los siglos XVI y XVII.

Otros restos, la iglesia de Santo Tomé. La ampliación de la Muralla en el siglo XVIII dejó bajo su estructura numerosos restos arquitectónicos como los de la iglesia de Santo Tomé, que salieron a la luz en 2005 durante la pavimentación de la calle Campo Frío.