23 mayo 2022
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La localidad salmantina que sirvió de feliz “destierro” a Calderón de la Barca

El dramaturgo, militar y eclesiástico se refugió en Alba de Tormes como secretario de Fernando Álvarez de Toledo entre 1645 y 1649, donde escribió algunas de sus obras más destacadas

11 dic 2021 / 13:57 H.
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Hablar del Siglo de Oro de las letras españolas es mucho más que referirse únicamente a Madrid como epicentro de la producción y difusión literaria. Además de la capital, otras ciudades periféricas ejercieron un papel más que destacado en esta proyección y asentamiento del gran talento literario desplegado en los siglos XVI y XVII. Ciudades como Toledo y Salamanca también juegan un papel más que destacado en esta etapa tan fructífera. Y dentro de Salamanca uno de los grandes focos de producción y difusión literaria, además de la capital, se asienta en Alba de Tormes, donde la labor de mecenazgo de la Casa Ducal contribuye no solo a situar la localidad tormesina en el mapa creativo del momento, sino también a fomentar el talento de los grandes genios que pasaron por el palacio ducal.

Uno de estos genios, que además llegó a convivir durante varios años con los lugareños, fue el dramaturgo, poeta, militar y eclesiástico Pedro Calderón de la Barca. Aunque Madrid marca buena parte de su trayectoria vital, Valladolid, Alcalá de Henares, Toledo y Salamanca —además de la mencionada Alba de Tormes— son ciudades que también estarán estrechamente ligadas a su vida y a su producción literaria. La niñez y adolescencia las pasa en Valladolid, primero, y Madrid, más tarde. Estudia en Alcalá de Henares y en Salamanca. Aunque no consta documentación sobre las fechas de su estancia en el Estudio Salmantino, sí está documentado que se licenció en Derecho Canónico y Civil.

Madrid marca buena parte de su producción literaria, pero no toda. El cierre de los teatros madrileños decretado entre 1644 y 1649 con motivo de la muerte de la reina Isabel de Borbón y del príncipe heredero llevan a Calderón de la Barca a replantearse su vida y buscar una solución que no entorpeciera su prometedora trayectoria literaria. Y la encuentra en Alba de Tormes, donde la generosidad del duque Fernando Álvarez de Toledo le lleva a concederle hospedaje, afecto y empleo de secretario personal. Y bajo su protectorado estará hasta 1649 (había llegado en 1645).

Fue esta una etapa de gran importancia personal y literaria. Durando los años de estancia en Alba de Tormes escribe obras como “El Secreto a voces”, “Guárdate del agua mansa”, “La segunda esposa” o “Triunfar muriendo” (auto sacramental) y el drama musical “El Jardín de Falerina”, ópera de dos actos que para algunos estudiosos es concebida como el primer ejemplo de zarzuela española.

También en estos años, Calderón mantuvo relaciones con una desconocida, con la que tuvo un hijo en 1647, Pedro José, a quien reconoció como sobrino y que falleció diez años más tarde. Una prueba de su paso por Alba se encuentra actualmente en el Convento del Carmen, donde su altar mayor conserva el soneto que en 1622 escribiera como homenaje a Santa Teresa: “¡Oh militante Iglesia, más segura pisa tierra, aire enciende, mar navega, y a más pilotos tu gobierno fía”.

Durante el primer cuarto de siglo, Calderón de la Barca compagina su acción militar con su vocación literaria, hasta que en 1625 decide dedicarse en exclusiva a la profesión teatral. Así hasta 1640, cuando vuelve a mostrar un incremento significativo en su creatividad literaria. Y es que poco a poco, y al compás de su creciente éxito, Calderón va sosegando su mala vida, altercados y enfrentamientos. Y más cuando en 1637 consigue el hábito de Caballero de Santiago, culmen a su ascenso social y cortesano. De este periodo son obras como “La vida es sueño”, “No hay burlas con amor”, “La dama duende” o “El alcalde de Zalamea”.

Su estancia en Alba de Tormes parece contribuir también a este apaciguamiento. Pero su regreso a Madrid sume a Calderón en una etapa de cierta melancolía y espiritualidad, que, unido a sus apuros económicos, le llevan a ordenarse sacerdote en 1651 y solicitar una capellanía real en los Reyes Nuevos de Toledo, petición que le fue concedida en 1653. Durante esta etapa, Calderón de la Barca alternó su residencia en Madrid con estancias en Toledo. Los autos sacramentales ocupan un lugar preferente en su extensa y prolija producción escénica.

Fallece en Madrid en mayo de 1681. Siempre se ha dicho que la ceremonia de su entierro, dispuesta por él, llevándole descubierto hasta la cercana parroquia de San Salvador, fue su última representación y constituyó una manifestación de duelo popular y de gran efecto escénico. Sus restos reposaron durante 160 años en la citada iglesia. Después sufrieron hasta cinco traslados, hasta que al final son depositados en la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, donde reposan hoy en día.

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