25 julio 2021
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La joven salmantina que superó el bachillerato y sólo puede mover las manos

Tener una enfermedad rara y vivir en un pequeño pueblo como Sanchotello, no le ha impedido sacar sus estudios con brillantez

17 jun 2021 / 18:12 H.

Celia Gómez vive con sus padres en Sanchotello, acaba de terminar sus estudios en el instituto de Guijuelo y espera con nervios la notas de la EBAU que saldrán mañana. Podría ser la historia de cualquier chica de 17 años que vive en un pequeño pueblo de Salamanca, pero para llegar hasta aquí han tenido que pasar muchos años de trabajo y superación en los que se ha negado a tirar la toalla.

Celia tiene una enfermedad rara “aunque no tienen muy claro cuál es... solo saben que tengo una discapacidad neuromuscular”, explica. Va en silla de ruedas y los brazos y manos los puede mover “un poco”, pero es lista y acaba de terminar el Bachillerato con un 8 de media. “Tanto mi familia como mis amigos y profesores más cercanos siempre me han animado a seguir estudiando, a que después de acabar la ESO siguiera con el Bachillerato y que luego me presentara a la EBAU. También me dicen que haga una carrera porque académicamente puedo con ello”, cuenta agradecida.

En su pueblo, Sanchotello, hace tiempo que cerró la escuela, y por eso tuvo que estudiar primero en el colegio de Ledrada, y luego en el instituto de Guijuelo. “Me venía a buscar un autobús adaptado y luego tenía allí a una persona de apoyo que me ayudaba a ir al baño, a sacar las cosas de la mochila... aunque también mis compañeros me han ayudado mucho en todos estos años”, asegura.

Pero entre clases y deberes Celia ha tenido además que sacar tiempo para sus sesiones de fisioterapia con el objetivo de que la enfermedad se frene y estabilice. “Tengo que hacer mucho ejercicio para que no vaya a más y por eso en el instituto de Guijuelo tenía un ‘fisio’, Jesús. Además todas las semanas tengo que ir a Salamanca a una clínica privada, a la piscina... la verdad es que tengo una agenda muy completa”, cuenta entre risas.

Para ella el apoyo de sus padres y de sus hermanos es fundamental, igual que el cariño de sus cuatro sobrinos, Erik, Dani, Dario y Daniela, a los que adora. “Cuando llegan a una edad en la que empiezan a comprender siempre preguntan que por qué su tía no puede andar y se lo explicamos con normalidad”.

Un futuro ¿fuera del pueblo?

Estos días, mientras espera las notas de la EBAU, también piensa en su futuro y en la carrera que le gustaría estudiar. “No lo tengo muy claro, pero me gusta Trabajo Social”, aunque también reconoce que tener que salir de su pueblo para estudiar en la ciudad todavía le asusta un poco. “Creo que es un paso muy importante y todavía no sé si estoy preparada para salir de mi casa, aunque sé que llegará el día en que tendré que hacerlo. Ahora es lo que más me preocupa y por eso estoy pensando en hacer el primer año a distancia”.

Cuenta que en su pueblo se siente segura porque en cualquier momento y lugar siempre hay una mano para ayudarla y si necesita apoyo “solo tengo que pedirlo”. También cree que los chicos y chicas que viven en los pueblos lo tienen “un poco más complicado” que los que viven en la ciudad, más aún si tienes una discapacidad, aunque todo en la vida es cuestión de proponérselo y trabajar. “Sé que hay cosas que por mi enfermedad no voy a poder hacer nunca, pero también sé que puedo hacer más de lo que pienso. Solo hay que lanzarse”, dice sin perder la sonrisa.

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