17 agosto 2022
  • Hola

La historia de los muñecos que hacían reír a Peñaranda

Roberto, Oto y Zacarías dejaron de ser las estrellas de las galas peñarandinas hace cuatro décadas, cuando las cuerdas vocales fallaron a Máximo Rodríguez

05 jun 2022 / 12:07 H.
Ver Comentarios

Un problema en las cuerdas vocales evitó a Máximo Rodríguez Alfayate continuar dando vida a los muñecos Roberto, Oto y Zacarías, e incluso a la zapatilla Cecilia. Fue hace cuarenta años, un tiempo después de ser operado de la vesícula a sus 41. Se quedó sin voz y, por esta razón tuvo que rechazar la propuesta del famoso ventrílocuo peñarandino, Wenceslao Moreno Centeno, más conocido como Señor Wences, quien le propuso darle el empujón necesario para catapultarlo a la fama. Maxi le conocía por medio de su chófer, con el que tenía amistad y porque Moreno visitaba la zona alguna vez pese a su dilatada carrera por América.

“Cuando me iba a dedicar a ello me iba apadrinar Wenceslao Moreno Yo no le dije ni sí, ni no, y como me pasó esto lo descarté”, explica Máximo. ‘Me dijo, estas rebien preparado, eres muy bueno si quieres yo te apadrinó, pero no me hizo falta porque me quede sin la voz antes”, relata.

Máximo Rodríguez Alfayate es un vecino de Peñaranda de Bracamonte, ciudad en la que nació el 15 de abril de 1941. Está casado con Teresa, tiene dos hijas y dos nietos.

Su andadura como ventrílocuo comenzó a sus 12 años, con los muñecos del guiñol de Acción Católica, a donde llegó animado por don Agustín Martínez Soler, del que conserva un buen recuerdo.

Actuaba cada fin de semana en lo que llamaban la bombilla. Luego han sido numerosos los lugares en los que este artista autodidacta supo cautivar al público. Entretenía pero sobre todo divertía y hacía reír a los asistentes con sus preparadas intervenciones. Eran ocurrentes números que elaboraba él mismo. En uno de ellos utilizaba un teléfono de cartón que le fabricó un amigo, al que él incluyó un cable elaborado con aquella cuerda que usaban los segadores para hacer los haces de cereales. “Tiraba de la cuerda y decía, aquí tengo mucha cuerda”, relata Maxi, aquella broma que ponía en escena.

Tuvo tres muñecos. Uno lo compró, se llamaba Roberto. Otro de ellos lo fabricó él mismo. Le puso por nombre Oto, porque su fisonomía recuerda al personaje de ficción ET. Máximo decía que era su hermano. El tercero de los protagonistas era Zacarias. Este último se lo regalaron y atiende al nombre de la persona que lo fabricó. Otro de los protagonistas a los que Maxi dio vida y voz, fue la zapatilla Cecilia, con la que su número se enriquecía, proporcionando abundantes carcajadas entre el público.

Actuó para Acopedis, los mayores, en las discotecas, que tanto éxito tuvieron en esa época en Peñaranda. “Tuve la suerte de trabajar en ferias con los payasos de la mejor escuela de Madrid”, destaca Maxi.

Su arte fue parte del espectáculo que hizo posible un festival a favor de la iglesia.

Sus números eran muy valorados pero requerían de actuaciones intermedias para que pudiera descansar. Por ejemplo, fueron famosas las participaciones del malabarista Paulino Gil. Junto a él hacía unos juegos de manos “porque tenía que cambiar para no cansarme con los muñecos, dejaba un muñeco y hacía un juego de manos y cambiaba para no cansarme”, recuerda.

Máximo es muy conocido en Peñaranda por su bar La Flor del Vino, que regentó hasta que le llegó la edad de la retirada.

Antes, trabajó durante diez años como sastre haciendo trajes. Vive en la calle Elisa Muñoz, en la casa que fue de sus padres, antes de sus abuelos y donde tenía su establecimiento de hostelería.

Maxi es conocido por aquella afición que no le proporcionaba el sustento pero que generó tantas alegrías en la ciudad de Peñaranda y comarca, donde le recuerdan con cariño por sus actuaciones como ventrílocuo.

Recupera variable LOGO:
https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/d02eb2dc-2fcb-4c80-a2f6-a5cfab1e30e3.svg

https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/a835bb89-65e8-449c-9619-d30e7c8e74ec.png