31 marzo 2020
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En coche a “echar la partida”: 91 pueblos de Salamanca no tienen bar

Se trata de un efecto más de la despoblación

18 feb 2020 / 10:50 H.

Salamanca y la hostelería viven en la actualidad dos realidades muy diferentes. Mientras que en términos generales el sector crece en número de negocios, sobre todo en la capital salmantina y en las poblaciones de mayor tamaño, hay otra parte de la provincia que ve como los pocos establecimientos que hay desaparecen poco a poco o, directamente, no vuelven a abrir después de que el último propietario echara el cierre hace muchos años. De acuerdo a los datos del registro de la Junta para este tipo de actividades, en la actualidad no hay ningún bar, cafetería o restaurante abierto en 91 municipios salmantinos. Un efecto más de la tan conocida despoblación.

La realidad en decenas de pueblos es que si uno de los vecinos quiere tomarse un café, tomar un pincho o echar la partida con algún amigo, tendrá que coger el coche u otro medio de transporte para llegar a la localidad más cercana que cuente con un bar. Un problema porque en muchos casos los residentes son personas mayores, o sus condiciones de salud no les permiten realizar trayectos largos.

Al igual que ocurre con otras actividades, el declive de la población en un número importante de municipios de Salamanca impide la viabilidad económica de cualquier negocio de hostelería. En localidades con poco más de un centenar de vecinos o incluso menos registrados en el padrón, la realidad es que allí durante la mayor parte del año solo residen unas decenas de personas, insuficientes para mantener abierto un establecimiento. Solo en fechas especiales, como las navideñas o las fiestas patronales, los propietarios pueden sacar beneficios, periodos muy pequeños de tiempo e insuficientes para afrontar gastos estructurales como el alquiler de un local, su mantenimiento o el pago de los impuestos a lo largo de todo un año.

La difícil situación de la hostelería en numerosos puntos del medio rural salmantino ha provocado que los ayuntamientos intervengan para intentar mantener abiertos los locales, que se han convertido en el único punto de reunión de los vecinos y de las pocas actividades de ocio que hay en esas localidades. Las iniciativas consisten habitualmente en ofrecer un local público de manera gratuita y con el único requisito para las personas que se hagan cargo de pagar la luz y el agua, aunque en algunos casos también se han incluidos esos gastos en la oferta. De esta forma, los consistorios quieren hacer atractivo el negocio, al reducir de manera importante la inversión mensual que han de realizar los gestores de ese bar.

Sin embargo, en algunos municipios ni siquiera resulta viable esta posibilidad. Su escaso número de vecinos niegan la viabilidad de cualquier negocio. Un riesgo que corren muchas localidades de Salamanca en la actualidad ante la elevada edad de sus habitantes.

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