15 junio 2019
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El sastre de las capas “made in Salamanca”

Raúl Rodríguez mantiene en Béjar la confección de pañosas, que se siguen demandando aún en pleno siglo XXI

Béjar /
10 abr 2019 / 19:04 H.

“Comencé en el oficio con 16 años y tengo 44”, indica el sastre bejarano Raúl Rodríguez para explicar su relación con el oficio que, al menos de forma consecutiva, lleva tres generaciones en la familia. Él se ha hecho cargo de una labor veterana en la que el paño de Béjar es el protagonista indiscutible, pero no se limita a vivir del pasado y ha abierto en los últimos años vías de futuro interesantes, tanto para el sector en el que trabaja como uno de los últimos exponentes y para el propio sector textil de Béjar. Estudió sastrería en Barcelona y después en Galicia, pero regresó al negocio familiar donde su padre realizaba trabajos para clientes de Béjar y comarca. Sin embargo, la clientela local iba a menos y hubo “que abrir fronteras”. Por eso, señala, ahora el 95 por ciento de la clientela de Raúl Rodríguez es de fuera de la ciudad de Béjar.

Cierto es que la capa bejarana, hecha con paño de Béjar procedente de González Tejeda, es el exponente de su labor como sastre artesanal, que cuenta con cuatro personas en el negocio y que trabaja a pleno rendimiento porque tiene mucha demanda y no sólo de la tradicional capa, ya que confecciona también trajes de sastre y se ha especializado en trajes de diplomático y en trajes camperos para toreros.

No obstante, aún se elabora mucha capa española. Y es que, tal y como explica: “Se sigue demandando mucho, cada vez menos, pero aún mucho, es un mundo más cerrado, se utiliza mucho para regalos, cofradías. Vendemos online para todo el mundo, se utiliza más en España y quien lo encarga en el extranjero es porque es español y vive fuera. La capa se sigue haciendo igual, todo a mano”. Al contrario que los trajes camperos, la capa es un producto que se encarga sobre todo en invierno y la Semana Santa suele ser la fecha límite. Después, en verano, no se encargan y regresan los pedidos en el otoño. Según explica Raúl Rodríguez, “hacemos una media de cincuenta a sesenta capas al año”. El proceso no ha cambiado y todo se hace a mano. El cliente llega y hace su pedido, las muestras se toman a mano, se corta el paño y se empieza a elaborar. Un proceso que no cambia con el paso del tiempo y que le da valor añadido a la pieza ya que no sólo está hecha a mano si no que está confeccionada con paño de Béjar y eso hay que tenerlo también en cuenta.

El sastre bejarano Raúl Rodríguez tiene perspectivas de futuro si se trabaja en coordinación. Él mismo explica que “estamos intentando promover la formación porque nos encontramos con que hay trabajo. No voy a vender lo que no hay, no es un trabajo de 5.000 prendas al año, pero para vivir unas cuantas familias en la zona bien, sí da. Para intentar formar gente que no sea de Béjar, pero que el trabajo venga a Béjar, también da. Hay que saber coser, cortar y comercializar”, puntualiza.

“Hay mucho trabajo pero no mano de obra”

El de sastre es un oficio antiguo que apenas tiene mano de obra pese a que sí tiene demanda y Raúl Rodríguez es un ejemplo de ello: “tenemos mucho trabajo y nos encontramos con el problema de la mano de obra. No hay donde aprender, la figura del aprendiz de sastrería se ha perdido. No es un producto que puedas contratar de hoy para mañana. No hay mano de obra. Hay más sastres, pero no sastre de aguja, como decimos. Los hay que saben vender, pero lo encargan a confeccionar fuera y eso no es sastrería, es producción industrial”. Señala que hay proyectos relacionados con este sentido porque, de lo contrario, el oficio de sastre tradicional corre el riesgo de desaparecer. Con él hay sastre para rato, pero está preocupado por el futuro y trabaja en que su negocio no sea el último del oficio.

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