14 octubre 2021
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El oficio que se encuentra en un claro peligro de extinción

Ángel Pedraz y Tomás Castañeda siguen ejerciendo de forma ocasional de campaneros en Calzada de Valdunciel

12 oct 2020 / 18:06 H.
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Aunque hace casi 20 años que el repique de las campanas se ha automatizado en Calzada de Valdunciel, Ángel Pedraz y Tomás Castañeda siguen ejerciendo de forma ocasional de campaneros, profesión casi extinta que aprendieron de manos de José, el sacristán del pueblo que formaba en esta tarea a los monaguillos con más cualidades.

“En la sacristía hay un ordenador para activar unos martillos que son los que golpean la parte exterior de la campana, y aunque el sonido es el mismo, nosotros hacemos una especie de musiquilla y un ritmo que los martillos no son capaces de reproducir”, explica Tomás. De hecho, los propios vecinos de Calzada atestiguan que son capaces de distinguir los diferentes repiques e incluso saben si es Ángel o Tomás el que ese día se ha subido al campanario.

En la iglesia del pueblo hay cuatro campanas: dos pequeñas —también conocidas como esquilas y que sólo suenan en los bautizos y cuando muere algún niño— y las grandes , para todas las demás ocasiones. Para hecerlas sonar, encaramado a un taburete de madera y con una cuerda en cada mano, Ángel hace chocar el badajo contra la gran superficie metálica creando un sonido inimitable que, en esta ocasión, sirve para llamar a los vecinos a misa de una, uno de los usos más habituales de las campanas hoy en día. A sus 68 años, este campanero por vocación ha sido testigo del declive de una profesión que ya no es tal y todavía recuerda las anécdotas de la noche del Día de Difuntos, cuando el frío obligaba a hacer pequeñas fogatas en el campanario y las perrunillas y el aguardiente ayudaban a a combatir las inclemencias del tiempo.

Aunque nadie ha conseguido todavía silenciar del todo a las campanas, lo cierto es que con el paso del tiempo se han perdido muchos usos. Como explica Tomás, hace algunos años eran los repiques los que avisaban de que había un fuego en la zona y en la Sierra servían también para alertar de que alguien había desaparecido, dos sonidos estos que ya se han extinguido.

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