16 agosto 2022
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El estudio que recoge la belleza de las joyas serranas y de Candelario

Se basa en más de 900 documentos de los siglos XVI al XIX, a los que hay que unir una amplia selección de dibujos y fotografías

27 abr 2022 / 17:45 H.

Antonio Cea acaba de publicar de la mano del Centro de Estudios Salmantinos (CES) “La sagrada belleza de las joyas serranas y candelarias”, un exhaustivo estudio a través de más de 900 documentos de los siglos XVI al XIX, más una amplia selección de dibujos y fotografías de los años 50 del siglo XX. También incluye textos literarios, fuentes de tradición oral y ha revisado las joyas-testigo conservadas en las arcas de las casas serranas en colecciones particulares y en museos.

El marco geográfico comprende la comarca de la Sierra de Francia y Candelario, en la de Béjar, donde los plateros mantienen aún la denominación de oribes. Recuerda el autor que ya en 1489 se alababa en una Cédula Real la maestría de los plateros salmantinos “que saven lavrar muchas cosas finas e polydas de oro e plata”.

Salamanca, Ciudad Rodrigo, Béjar, Coria y Plasencia fueron los principales centros de orfebrería que abastecieron a la Sierra de Francia y Candelario, además de los maestros plateros locales. “La diferencia que se percibe en los documentos serranos es que mientras los plateros de esas ciudades recibían los encargos de las piezas más sobresalientes del ajuar doméstico y del litúrgico, la joyería tradicional de los oribes locales atendía a las necesidades de la indumentaria diaria y a la de galas, en especial a las joyas relacionadas con la mujer”, escribe Antonio Cea.

Alude el autor a la ceremonia de Vistas (conocida también como Donas o Dádivas y Davias en Mogarraz), que solía celebrarse en casa de la novia, en presencia del escribano, la noche o noches anteriores a los esponsales, cuando las familias de los contrayentes se cruzaban los regalos y alhajas que el novio ofrecía a la novia, pasando a formar parte de los bienes aportados al matrimonio. Las mujeres candelarias, advierte Cea, fueron las últimas españolas en apear sus prendas tradicionales.

El estudio que recoge la belleza de las joyas serranas y de Candelario

Las piezas que presenta en la primera parte del libro —la patena, el tablero, la firmeza y el corazón de la novia— fueron y son signos de valores universales: amor, honor, belleza, fidelidad y compromiso.

La patena es circular y plana, de la familia de las medallas. De plata blanca, ahumada, o de oro, a veces esmaltada. En ella se representan historias de la vida de Cristo, de la Virgen, o de santas y santos, mártires y apóstoles de cuerpo entero o de medias figuras. El tablero es una variante de la familia de las medallas y recibe su nombre por su forma de pequeña tabla (cuadrada o perlongada). La firmeza es de hechura triangular. Y el corazón de la novia, de buen tamaño en oro, plata ahumada o plata seca y acero, son dos láminas ligeramente abombadas. En el anverso o cara se labra un crucifijo sin cruz y por el reverso o espalda, una efigie de Nuestra Señora. Alrededor llevan labores de filigrana con motivos de rosas y botoncillos.

Las joyas-utensilio representan, además de la apariencia útil, la defensa y la protección. En ellas, escribe Antonio Cea, entran en juego todos los sentidos: la vista, el gusto, el oído, el olfato y el tacto.

Hay joyas para la boca o con qué comer: cuchara y tenedor, conocidos como el macho y la hembra, y joyas para beber [vasos]: bernegal, barquillo, tembladera. Hay joyas higiénicas propias de clases bien alimentadas para limpiarse los dientes o hurgarse las orejas: escarbador o escarbadientes, pajuelas y palo de la baraja. Y joyas que preservan del sol y la lluvia, y para aparentar señorío: sombrilla, paraguas y abanico. Se recogen joyas como el reloj del bolsillo y el espexo de faltriquera; joyas de cortar, coser, bordar o de defensa: alfileteros, dedales, tijeras, navajas [que la mujer ocultaba en la faltriquera y el hombre en el cinto], bastones y cañas. Para los infantes hay chupadores [para entretener durante la lactancia y aliviar el dolor en la dentición], trompetillas, cascabeles y cascabeleras, esquilitas y campanillas, además de la trucha; algunas son, además, amuleto contra el mal. Y en el libro publicado por el CES también recoge joyas para bien oler o de olor: pomas, peritas, cañoncitos, calabacillas, tortugas y bellotas.

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