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Carmen encabezando la procesión de San José celebrada en Abusejo el pasado mes de mayo. D. SÁNCHEZ
Carmen Andrés: «Todavía se sigue vinculando mucho la figura del tamborilero al hombre»
ENTREVISTA A LA TAMBORILERA

Carmen Andrés: «Todavía se sigue vinculando mucho la figura del tamborilero al hombre»

Es una de las pocas mujeres que se dedican a este arte musical en la provincia de Salamanca

D. Sánchez

Ciudad Rodrigo

Domingo, 9 de junio 2024, 06:30

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Es un elemento esencial en muchas de las fiestas de los municipios charros. Su música acompaña procesiones y bailes, manteniendo viva la llama de la tradición y evitando que se extinga. Sin embargo, Carmen Andrés es de las pocas mujeres tamborileras que se pueden encontrar en la provincia, ya que esta figura sigue estando muy vinculada al hombre.

¿De dónde viene esa vocación por la gaita y el tamboril?

—Yo vengo de la música clásica, tocaba el fiscornio y la guitarra, luego la trompeta, y al final encontré mi instrumento que era el tamboril. Te podría decir que mis primeros recuerdos musicales son de este instrumento: soy de Villamayor y recuerdo la figura de Medes cuando yo era pequeña, muy pequeña. Y también me viene de la sierra, mi padre es de Garcibuey, al lado de Miranda del Castañar, y yo he vivido siempre las fiestas con el recuerdo de ver bailar al tamborilero.

¿Podemos decir que viene un podo de familia?

—Un poco sí. Mi abuela, que tiene ahora mismo 94 años para 95 que cumplirá en agosto, si Dios quiere, bailaba en el pueblo en las fiestas del Cristo del 14 de septiembre. De hecho, el traje de mi abuela lo tienen mis tías, porque en el grupo de baile de Villamayor, ellas bailan conmigo y también dos hermanas de mi padre.

Puede sorprender a la gente ese paso de la música clásica a la tradicional, ¿no cree?

—Bueno, si te soy sincera, en la tradición encontré la horma de mi zapato. La música me ha gustado mucho desde siempre. Aprendiendo instrumentos formé parte de bandas en Villamayor y Alba de Tormes... pero era difícil de «manejar» porque soy una persona activa y era complicado compaginar horarios. Ahí apareció la música tradicional.

¿Cuántos años lleva tocando la gaita y el tamboril?

—Pues empecé hace exactamente 15 años, llevo poco tiempo comparados con otros (ríe). Lo recuerdo porque en mi primera actuación me vestí de charra estando embarazada de mi primer hija. Y luego ya con grupos hará unos 8 años.

Es de las pocas mujeres tamborileras de Salamanca, ¿se siente una pionera?

—Un poco sí y no solo en la música. Soy ingeniera geóloga y en mi promoción éramos cinco chicas nada más. También jugaba al fútbol y éramos poquitas... Y esta figura de la gaita y el tamboril se sigue vinculando mucho al hombre todavía, algo que sigue muy aferrado al imaginario colectivo e incluso hay tamborileros que todavía piensan que es solo para ellos.

¿Ha sido difícil romper ese estereotipo?

—Al contrario, yo en los pueblos a los que voy me siento muy querida y me reciben con afecto y muy buena aceptación. Puntualmente ha habido alguna excepción. Fíjate que las reacias en ocasiones han sido las propias mujeres.

¿Qué le suelen decir en los diferentes pueblos? Por ejemplo, cuando abre la procesión

—Suelen decirme palabras bonitas o «qué bien tocas», con cierto tono de sorpresa. Te cuento una anécdota: estaba en un pueblo tocando durante el ofertorio en un altillo y al bajar lo primero que me dijeron fue «¿Pero has tocado de verdad? ¿No era una grabación?» porque les sorprendía que fuera una mujer la encargada de poner la música al acto. No faltan anécdotas y recuerdos para guardar en la memoria.

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