26 julio 2021
  • Hola

Las monjas salmantinas que necesitan dinero extra para poder pagar las nóminas

“A los ancianos que cuidamos no les falta de nada, pero pedimos préstamos a la caja de la congregación para pagar la nómina de los empleados”, aseguran las Hermanitas de los Pobres

21 jul 2021 / 11:28 H.

Felisa cumplirá 110 años este 18 de julio. Llega al jardín en silla de ruedas, empujada por Sor Lidia, superiora de las Hermanitas de los Pobres en Salamanca. Cansada del trajín de pasar por la peluquería y un poco sorda, la anciana solo está pendiente de pedir que la lleven al sol, si hace viento. O a resguardo, si el calor aprieta demasiado. “Vamos a la sombra para que esté contenta”, dicen ahora también Sor Pilar y Sor Magdalena.

“Cuando tiene buen día da gusto hablar con ella. Era la mayor de cinco hermanos y trabajaba en el campo con su padre. Todos sus hermanos, cuatro varones, han muerto. Se casó con un policía, fue ama de casa y tuvo dos hijos. El mayor, de 87 años, aparenta más edad que su madre”, mencionan las religiosas. No es de extrañar. Felisa, la residente de más edad, tiene un magnífico aspecto.

Con 68 residentes en la actualidad, esta comunidad de 10 religiosas y 47 empleados (más el refuerzo del verano) se mueve en cifras económicas abultadas. En junio, con las pagas extraordinarias de la plantilla, los gastos han ascendido a 153.000 euros. En octubre, el alcalde Carlos García Carbayo llevó a las Hermanitas de los Pobres un cheque con los 4.500 euros recaudados con las entradas a 1 euro de la programación veraniega de Plazas y Patios de 2020. “Nos ha ayudado muchísimo, aunque haya sido una gotita en el océano. Pagar nóminas y seguros sociales son 63.000 euros mensuales, la calefacción en invierno sube a 16.000 euros al mes... En eso se nos va el dinero de los bienhechores, de las colectas y de las pensiones de los ancianos. Así que también hemos tenido que pedir prestado a la caja de la congregación. Y en el futuro hay que arreglar las goteras de parte del tejado. No podemos pintar con la humedad que hay”, manifiesta Sor Lidia.

Con la pandemia, las religiosas de Salamanca han perdido a algunos de sus bienhechores fijos y echan en falta recibir más ayudas económicas periódicas para afrontar el día a día: “Tenemos donaciones de comida de Banco de Alimentos, supermercados, grandes almacenes, de los cursos de cocina y pastelería... A los ancianos no les falta de nada. Siguen una dieta que elabora la doctora, pero la cambiamos si llega algo que hay que aprovechar. Les encantan los platos de cuchara: lentejas, garbanzos, cocido... Comen pescado, huevos de diferentes formas, carne, fruta, yogures... Nos trajeron patatas asadas llenas de marisco, de las fiestas de un pueblo, con el tamborilero haciendo la fiesta y los ancianos estaban encantados”.

Sor Lidia, de 48 años y de Puerto Rico, tenía vocación desde los 19 años, pero con 26, viendo dar la merienda a las Hermanitas de la calle Almagro en Madrid en un patio interior vio claro su camino. “¡Me pareció tan bonita la escena! Pensé: ¿Y si yo hiciera esto también?”. Se formó en Francia, como todas las religiosas de la congregación: “Nuestra profesión es la hospitalidad. Saber cómo tratar a los ancianos y empleados, cómo relacionarnos en la comunidad y con la gente de fuera porque ese va a ser nuestro día a día. Fui destinada a EEUU, volví a Francia y luego me mandaron a Salamanca en 2015”. Desde febrero de 2020 es superiora. No la elige su comunidad, sino la congregación. Toda su familia está en Puerto Rico. Y están contentos con el destino de Sor Lidia, aunque al principio dijeron: “¡Tan lejos, tan lejos!”

Sor Magdalena, soriana y de 92 años, por la mañana está pendiente de la cocina. Y tiene sus tratos divinos, sus oraciones, para reponer “rotos” en la despensa ahora que las Hermanitas salen esporádicamente al exterior ante el avance de la variante delta, aunque ancianos, trabajadores y religiosas están vacunados.

Las religiosas cada día acuden a laudes, misa, rosario, vísperas y completas, y además tienen sus momentos de oración privada. “San José nos protege de lo lindo”, afirma Sor Pilar, de 78 años y natural de Villarino de los Aires. Con la fe, la oración y la mano que les ha echado la Providencia solo uno de sus ancianos (que salía a un centro hospitalario) ha muerto por la covid. Sor Lidia y el capellán se contagiaron, permaneciendo aislados en el mes de enero.

Ahora, y poco a poco, las Hermanitas de Salamanca van a ir aumentando el número de residentes. Los ancianos deben tener pocos recursos para obtener plaza con las Hermanitas de los Pobres. Alguna vez ha llegado alguien con una pensión máxima y ha sido derivado a otra residencia.

En 2022 se cumplirán 150 años de la llegada de las Hermanitas de los Pobres en 1872 a Salamanca por iniciativa del obispo Lluch y Garriga. Se instalaron en una casa de la calle Padilleros. En 1877 se trasladaron a la Torre del Aire, pero el nuevo asilo para ancianos pobres no reunía las condiciones de ventilación e insolación que se consideraban necesarias, dice José Ignacio Díez Elcuaz en su libro sobre “Arquitectura y urbanismo en Salamanca. 1890-1939”. “Con fondos procedentes de las limosnas y de la propia orden”, escribe el profesor, “se plantearon la construcción de un nuevo edificio junto a la carretera de Valladolid. El proyecto fue elaborado por José Yárnoz Larrosa”. Sor Pilar apunta que el arquitecto madrileño diseñó gratis los planos.

El actual edificio se inauguró en agosto de 1927. “Las habitaciones eran como antes en los hospitales, de 20 o 30 camas. Luego ha habido reformas. El último arreglo fue hace unos 20 años y cada residente tiene su habitación individual con aseo. Los ancianos lo agradecen. Cuando van a su habitación dicen que van a su casa. Si tienen sueño o dolor de cabeza, nadie les molesta en su cuarto”, recalcan las religiosas.

Ver Comentarios

PALABRAS CLAVE

Recupera variable LOGO:
https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/d02eb2dc-2fcb-4c80-a2f6-a5cfab1e30e3.svg

https://www.lagacetadesalamanca.es/base-portlet/webrsrc/ctxvar/a835bb89-65e8-449c-9619-d30e7c8e74ec.png