10 noviembre 2019
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¿Y si no me votan ni los míos?

20 jun 2019 / 03:00 H.

Manuel Valls no acaba de adaptarse a la vida en España. Sigue pensando en francés. Encima, de tanto esforzarse por reaprender el catalán se le está olvidando el español. Se está haciendo un lío con esto de los idiomas y no consigue aclararse con el contenido de las siglas y las ideologías. Si llevara en España unos cuantos años más, siendo inteligente como es, se daría cuenta de que no hay gran diferencia entre apoyar a la populista lazoamarillenta Ada Colau o al separatista-radical Ernesto Maragall. La llorosa Colau ha defendido siempre el referéndum de autodeterminación en Cataluña, y en este país defender la consulta equivale a defender la independencia. Es elemental, querido Valls: solo una región independiente de España puede decidir su destino sin contar con el resto de los españoles.

El ex primer ministro galo vino para traer aire fresco a la política, pero a las primeras de cambio hemos comprobado que no sabe por dónde le da el aire. Se indigna y se rasga las vestiduras si Ciudadanos habla con Vox, pero no tiene inconveniente en sumar sus votos al Partido Socialista de Pedro Sánchez que ayer pactó con los proetarras el reparto del Parlamento de Navarra.

Me temo que lo de Valls es un problema de lenguas. Su formación clásica le permite comprender el latín (Vox=voz), pero no entiende ni papa de vasco. No sabe que Bildu y Geroa Bai son dos expresiones eusquéricas que se traducen como “Los que sacuden el árbol” y “Los que recogen las nueces”. Es decir, los herederos de ETA y los amigos de los etarras, todos unidos en un solo objetivo: romper España y anexionar Navarra al País Vasco.

Albert Rivera e Inés Arrimadas han malgastado una parte de su crédito pactando con el francés nacido en Barcelona, que les ha salido rana. Y todo por no contratar a un buen traductor.

La dirección de Ciudadanos está en mil frentes. Apaga fuegos en Cataluña mientras en Castilla y León mientras al mismo tiempo intenta convencer a Francisco Igea de que firme de una santa vez el acuerdo con Alfonso Fernández Mañueco. No hay forma, pese a que no existen discrepancias posibles, porque el candidato del PP ha aceptado todas sus exigencias, y aún así sigue mareando la perdiz. Ahora se entretiene obligando a los suyos a que voten mañana al salmantino Luis Fuentes para la presidencia de las Cortes. El que fuera portavoz de los naranjas en la pasada legislatura no las tiene todas consigo. Parece que en el grupo parlamentario vuelan los cuchillos y Fuentes tiene más seguros los votos de los procuradores populares que los de sus presuntos compañeros.

Igea tuvo que salir ayer a la prensa, después de su retiro espiritual de la última semana, a anunciar que habrá disciplina de partido y que los 12 parlamentarios naranjas votarán al nuevo presidente de la Cámara. “Ciudadanos va a actuar como un partido unido”, aseguró. Como si de verdad estuvieran unidos y no peleados y enfrentados, entre otros conflictos, por las discrepancias respecto a la insólita línea de negociación de su líder con el PP de Mañueco.

Hay lío interno, como en el PSOE de Salamanca, cuyas asambleas para la elección de diputados tienen menos asistentes que una fiesta barbacoa en las dunas del Sáhara.

En los últimos días se visualiza una paradoja interesante. Mientras el Partido Popular de Javier Iglesias permanece unido y motivado pese a haber obtenido sus peores resultados electorales en las últimas tres décadas, el PSOE de Fernando Pablos, que ha logrado un brillante resultado en las generales, municipales y autonómicas, aparece dividido, desmoralizado y en plena crisis interna.

Quizás es que las expectativas de tocar el pelo del poder eran demasiado ambiciosas y algunos no están vacunados contra la frustración.