17 septiembre 2019
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...Y Pedro Sánchez con los patos

18 ago 2019 / 03:00 H.

Negros nubarrones asoman sobre el horizonte de la economía. Confirmada la ralentización del crecimiento del producto interior bruto y el frenazo en la creación de empleo, comienzan a percibirse síntomas de que el monstruo de la crisis con sus temibles consecuencias ataca de nuevo. No hemos superado una que fue bautizada como la madre de todas las crisis, y ya asoma otra.

Los últimos datos de producción industrial, consumo de electricidad y confianza de las empresas, junto a la congelación del crecimiento turístico y el bloqueo de las exportaciones indican con meridiana claridad que en la España del vacante Pedro Sánchez se avecina un huracán de categoría cinco.

A la fiebre que sufre ya la economía española se le suma desde hace semanas un espantoso panorama internacional, con el recrudecimiento de la guerra comercial entre Donald Trump y China, la alerta de recesión en Estados Unidos (el bono norteamericano a dos años supera en rendimiento al de diez años, algo que ocurre siempre antes del hundimiento del PIB), la amenaza de un Brexit desastroso, que ya solo puede ser duro o muy duro, la locomotora alemana gripada, el fantasma de otro corralito en Argentina...

En fin, que se avecina la ‘gorda’, la tormenta perfecta. Y esto lo ve todo el mundo menos quien debería verlo. Suenan los truenos y el Gobierno de la nación no se entera, se hace el sordo, se echa la manta a la cabeza y no quiere saber nada de tomar las duras y urgentes medidas necesarias para preparar el país ante el vendaval.

El Doctor Sánchez está muy ocupado estos días escuchando el graznido de los patos en Doñana, disfrutando como un pulpo de los colchones del Palacio de las Marismillas. Puede hundirse el país, que el Doctor No es No a no ser que sea Yo, seguirá de vacaciones.

Y sus ministras de guardia no solo ignoran los avisos marcados en todos los indicadores, no solo insisten en que la economía española va como un tiro, sino que, en un claro ejemplo de irresponsabilidad, se atreven a anunciar una revisión al alza de la previsión de crecimiento. En su mente no está tomar medidas en interés de los españoles, sino preparar el ambiente para ganar las próximas elecciones generales. Si para ello Montero, Calvo y Calviño tienen que mentir, ocultar y sacar conejos de la chistera, como el peaje de las autovías, pues se hace y punto.

La situación me recuerda el aviso de un amigo que conoció de cerca a Pedro Sánchez cuando acababa de aparecer en la escena política y llegó a la conclusión de que era todavía más tonto que José Luis Rodríguez Zapatero. No le creí entonces, porque ZP había dejado el listón demasiado alto, pero a la vista de su capacidad para seguir las huellas del leonés inefable, puede que le supere. Su actitud ante la inminente llegada de otra crisis viene calcando la estrategia de Zapatero en 2008, cuando negó el peligro, desmintió la recesión y se lanzó a una espiral desenfrenada de gasto (plan E, regalo de 400 euros por contribuyente, dos mil euros por nacimiento...) que nos colocó al borde del abismo.

Sánchez lleva el mismo camino, solo que esta vez no aparecerá un PP con un Mariano Rajoy para reflotar la nave. No está Pablo Casado para asumir semejantes retos. Demasiado tiene con reconstruir Génova 13 de sus cenizas, mientras pone la gestión de su amiga Isabel Díaz Ayuso en Madrid como ejemplo de la política económica que se debería aplicar en España para aguantar el chaparrón.

La heredera de la Reina Isabel, a la que muchos menospreciaron por ‘tontita’, ha salido respondona y se dispone a hacer grande su Comunidad sobre la base de una gestión liberal. También Castilla y León, donde PP y Cs comparten Gobierno regional igual que en Madrid, podría colocarse como estandarte de esa nueva política. Habrá que esperar a la vuelta de vacaciones de Alfonso Fernández Mañueco y Francisco Igea para comprobar por dónde van los tiros en la tierra la Reina nacida en Madrigal de las Altas Torres.