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¿Y Ciudadanos?

Lunes, 14 de marzo 2022, 04:00

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En 2006 una plataforma cívica que se creó un año antes y que aglutinaba a intelectuales catalanes que se sentían muy españoles se transformó en lo que hoy conocemos como Ciudadanos. Nacía un partido que canalizó un sentimiento dormido en Cataluña. Décadas bajo el yugo del nacionalismo del 3% habían silenciado a todos los que se oponían al totalitarismo de CiU y ERC. El PSC se comportaba como un separatista más y el PP ni estaba ni se le esperaba. Un entusiasta y jovencísimo abogado llamado Albert Rivera se desnudó para destapar las vergüenzas y la corrupción de su tierra. El proyecto fue un éxito y el resto ya lo conocen. Hoy Ciudadanos agoniza. Muchos de los que vimos en este partido una alternativa muy útil de centro que integraba los valores del liberalismo social y económico con la unidad de España y la igualdad entre los territorios, lamentamos esa triste y lenta angustia.

¿Cómo es posible que una formación que en las generales de abril de 2019 tuvo 4,1 millones de votos, hoy se encuentre en la irrelevancia política? Hay tres errores clave que explican esa insólita caída. En primer lugar, la actitud de Rivera antes de la moción de censura contra Rajoy. Muchos lo señalan como el verdadero inductor de aquel movimiento al haber dado por roto el pacto con el PP tras la sentencia de la Gürtel. Cuántos cabezazos contra la pared se habrá dado desde aquel día por cometer semejante pifia. No contento con ello, Rivera volvió a errar y, en lugar de haber pactado con Sánchez un Gobierno moderado y progresista tras las elecciones de abril 2019, propició el Ejecutivo social-comunista que nació de las urnas siete meses después. Ya con Arrimadas, Cs perpetró el último y más rocambolesco desatino. El de la moción de censura fallida en Murcia que empujó a las elecciones en Madrid.

La formación naranja lo tiene casi imposible para volver a pescar a izquierda y a derecha como lo hizo entonces. El votante descontento del PSOE no se fía de alguien que ha entregado gobiernos municipales y autonómicos al PP. Y el que reniega de los populares, se ha ido a Vox. Los últimos años nos han demostrado que la política da muchas vueltas en cuestión de meses, pero cuando tu credibilidad se ha socavado es muy complicado volver a renacer.

Esta situación es muy injusta con todos aquellos concejales de Cs que, en numerosos pueblos y ciudades, están realizando un trabajo extraordinario. Que fueron coherentes y responsables cuando, lejos de dinamitar sus gobiernos tras el ‘tsunami’ murciano, optaron por la estabilidad y el bien común. Un buen ejemplo lo tenemos en la capital salmantina. Es complicado que alguien, con datos objetivos, pueda reprochar algo a la labor de Ana Suárez, Fernando Castaño y Juan José Sánchez. De su cabeza han salido iniciativas en materia social, turística y de promoción económica que no se habían visto hasta la fecha. Ideas que por fin ponen al ciudadano en el centro y que han engarzado a la perfección con García Carbayo y su equipo. ¿En qué ayuntamiento se asume, sin ninguna obligación a hacerlo, la organización de dos eventos con cientos de entradas vendidas y que iban a tener que suspenderse por una presunta estafa? Un paso adelante valiente de Fernando Castaño que no se da en políticos conformistas que vienen a servirse y no a servir como diría el gran José María García.

La flor naranja se marchita, pero sería injusto que con sus pétalos también cayeran en el olvido las obras de los que están por encima de siglas y de luchas cainitas. Son momentos de diferenciar a los partidos de las personas. A los líderes torpes de los curritos de base (un buen ejemplo lo tenemos con Casado y el PP). Es tiempo de recordar que el proyecto de Cs, con sus errores y aciertos, ilusionó y hoy sigue intacto en algunas personas que no merecen tan triste final.

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