20 febrero 2020
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Y Casado cae en la trampa

22 ene 2020 / 03:00 H.

El pin parental no es más que una estupidez que ha servido para desviar la atención de los desmanes del Gobierno social-comunista y dividir aún más al centro-derecha español, una división que es la única garantía de éxito de Sánchez para seguir en Moncloa.

Pero el incauto líder del centro-derecha, Pablo Casado, ha caído en la trampa “monclovita” y desde el viernes no se habla de otra cosa que no sea la iniciativa vacua adoptada en Murcia en el mes de septiembre -desde entonces ya ha llovido, incluso ha nevado y hemos pasado varios temporales y huracanes. La propuesta educativa, cuya paternidad se disputan Vox y el PP de Murcia, ya está implantada y consagrada en la Constitución, que reconoce a los padres el derecho a elegir la educación de sus hijos. Por tanto, desde que los padres deciden el centro que quieren para sus hijos, están eligiendo también los contenidos morales en los que quieren educar a sus hijos. Todos los contenidos que no sean curriculares deben ser consultados a los padres o tutores legales, bien dando directamente su consentimiento o a través de los consejos escolares.

Tal vez en la única comunidad autónoma donde sea necesario el pin parental sea en Cataluña, donde se viene adoctrinando a los escolares desde hace mucho tiempo a través de materias curriculares y nadie ha dicho nada. Ni siquiera a la ministra Celaá le quita el sueño que muchos escolares catalanes desconozcan la segunda lengua más hablada del mundo, el castellano, solo superada por el chino mandarín. Una torpeza que menoscaba las oportunidades y lastra el futuro de los niños catalanes.

En el resto, ni es necesario ni es un problema mientras se cumpla el derecho constitucional que nos ampara a los padres. Es por esto que entrar en este tipo de polémicas pueriles es hacer el caldo gordo a un Gobierno social-comunista que se va a mantener en el poder gracias a la propaganda, a la polémica y a la división del centro-derecha, fundamentalmente alimentando a Vox, que hoy por hoy es el principal aliado de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias.

Era de esperar que el líder de Vox, Santiago Abascal, entrara en este tipo de polémicas, porque ya ha dado muestras de que es un talibán político. Los socialistas echan el anzuelo y el primero que pica es él. No es consciente de lo mucho que está aportando a la causa del “sanchismo”, debilitando sin duda las opciones de que un Gobierno alternativo al social-comunismo tenga hoy por hoy posibilidades de llegar a La Moncloa.

Aunque sin duda la aportación del equipo de Casado también es estimable para que Pedro Sánchez haga y deshaga con tranquilidad, mienta y vuelva a mentir las veces que haga falta y negocie con los enemigos de España. No hay ningún inconveniente mientras su asesor de cabecera, Iván Redondo, controle la oposición y eso ha demostrado que lo sabe hacer como nadie.

En el PP conviven hoy dos almas: una que se ve superada por Vox y encamina al partido a suplantar a la ultraderecha para que ésta no le siga pisando los talones y restando votos. En este sector están el número dos del PP, el murciano Teodoro García Egea, el número tres y exalcalde de Boadilla Antonio González Terol y la portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo. El ala conservadora choca frontalmente con los “barones”, algunos con mando en plaza, que saben lo que es gobernar, lo que es pisar el barro de la calle y piden moderación porque es donde se siente representada una mayoría de la sociedad española. Y Casado se debate entre unos, sus amigos, los de su generación que han llegado arrasando al partido después de unas primarias, y los que han representado y representan lo que ha sido el PP cuando ganaba elecciones.

De Ciudadanos, mejor ni hablar. Dudo de que sea capaz de sobrevivir después del congreso de marzo. Lo poco que todavía queda está dividido y se está dando de tortas en los medios, mientras en Moncloa estudian si tienen que darle oxígeno a Arrimadas para seguir dividiendo al centro-derecha o acabar con ella.