11 diciembre 2019
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¿Y ahora qué, valientes?

24 oct 2019 / 03:00 H.

Nunca, y digo nunca, les perdonaré a Zapatero y a Sánchez —y en general a quienes se alimentan del odio— que se hayan inventado una caja de los truenos y la hayan abierto para hacer de la memoria “histórica” su ajuste de cuentas particular, su oda a la ceguera y al enfrentamiento... Y es que resucitar a Franco (who was that guy?) ha sido lo más temerario, lo más rastrero, y lo más fascista que ha pasado en España desde, curiosamente, la Guerra Civil. Y digo Guerra Civil y no nuestra Guerra Civil, porque ni aquella guerra ni por supuesto Franco nos dice nada a la inmensa mayoría de españoles, los demócratas que votamos a estos forajidos ideológicos, víctimas de su profundo asco a la sociedad a la que se supone representan.

Hoy sacan a Franco de su tumba, de donde nunca debió salir, para pasear su cadáver por el coliseo mediático. Franco, a estas alturas Franco (who was that guy?). Exhuman sus restos y creen estar hollando la Historia, ellos, que leen y hablan con dificultad. Y todo por su odio cavernario. España no merece tener a esta gentuza al frente, preocupada por ellos y por hacernos pagar sus muchos complejos.

Hoy para mi es un día triste que no de rabia. Triste porque me duele España en cada una de mis neuronas, triste porque no me puedo largar de aquí, triste porque después de irme, volví, y volví porque creí que podía aportar algo a mi país, a mi ciudad... Pero veo que no, España es un buen lugar para tomar el sol y para comer tortilla con una buena copa de vino. Punto. El resto, fascismo puro, comunismo puro, populismo puro, nazismo puro. Vaya banda de idiotas que nos hemos dado: ¿somos así los votantes? Casi medio siglo de democracia y bienestar, ¿para esto?, ¿para volver a Franco? Sólo quiero decir, con horror y miedo, que esta democracia no me representa, es una farsa, un puro y macabro decorado; esto no es más que una democracia franquista en manos de unos locos al volante. Locos peligrosos, pues si no hay nada más atrevido y devastador que la ignorancia, imagínense con el añadido del odio por el odio. ¿Y ahora qué, valientes?