25 junio 2019
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Y ahora Ciudadanos quiere tocar pelo

14 jun 2019 / 03:00 H.

Dos no llegan a un acuerdo si uno no quiere. Pero a veces el remiso se ve obligado por fuerzas superiores, de tal manera que su falta de voluntad se ve compensada por el impulso de sus patronos.

Alfonso Fernández Mañueco y Francisco Igea nunca hubieran llegado a un acuerdo para gobernar en coalición la Junta si al de Ciudadanos no lo hubieran conducido a bastonazos desde Madrid. El palentino ha hecho todo lo posible por escapar del abrazo con el salmantino. Primero con su decálogo por la regeneración, aceptado sin más por Mañueco, después con los irracionales “vetos de los ocho años”, asunto que fue más toreado que aceptado por el candidato del PP, y finalmente con la exigencia de tocar el pelo del poder en diputaciones y grandes ayuntamientos, en la que ahora están ambos partidos cuadrando mayorías, a veces complicadas por las exigencias de Vox, el tercero en discordia en esta entente del centro derecha en la Región.

Mañueco ha conseguido llegar a un pacto con Igea por el que el salmantino será presidente de la Junta y el palentino vicepresidente, con las consejerías repartidas a pachas (ahora son nueve y tendrán que cambiar la ley para llegar a diez). Tanta tensión, tanta amenaza, tanta condición ‘sine qua non’ para llegar a una alianza razonable, no proporcional al peso de cada bando pero sí equitativa a los méritos de unos y otros (el PP cayó con fuerza en las autonómicas y el Cs subió con notable impulso). Es razonable que los naranjas aspiren a gobernar en algunas capitales y diputaciones, porque tienen en sus manos el poder de dar las instituciones tanto al PP como al PSOE, y eso se premia. La petición de Igea no es precisamente modesta, cuando suma las alcaldías de Burgos y Palencia y las diputaciones de Burgos y Segovia, pero Mañueco no ha dicho que no a ninguna (de hecho no ha rechazado ninguna de las múltiples exigencias que lleva planteando Igea desde que arrancaron las conversaciones). Pero eso sí, ha tenido la habilidad de enmarcar los acuerdos locales y provinciales dentro de las negociaciones en el seno de los ayuntamientos y diputaciones afectados, entre otros motivos, porque tendrán que contar con el apoyo o la abstención de Vox. La formación de Abascal ejerce hasta el momento de convidado de piedra pero en cualquier momento puede despertar y exigir su parte del pastel.

Como bien recordaba ayer De Santiago Juárez, portavoz de la Junta, el candidato Mañueco ha demostrado en estos días “inteligencia y sangre fría” para aguantar la presión de las disparatadas exigencias de Igea. Las mismas cualidades, añadiendo mano firme y nervios de acero, que ahora le harán falta para apagar el ‘fuego amigo’ previsible en el PP de las provincias donde se ceden alcaldías y presidencias de Diputación a Ciudadanos. Especialmente en Burgos, si es que los naranjas acaban acaparando las dos instituciones.

El acuerdo ha provocado ampollas y algún intento de cortarse las venas en las filas del PSOE de Castilla y León. Luis Tudanca decía ayer que PP y Cs “han suspendido la autonomía de Castilla y León” al permitir que la Junta se decida en Madrid. No le falta algo de razón, pero en lugar de acusar al vecino de su humillante derrota a la hora de negociar pactos, Tudanca debería mirar en su casa y preguntarse por qué Albert Rivera no quiere saber nada de un PSOE como el de Pedro Sánchez que se apoyó en los comunistas y los golpistas para llegar al poder y que ahora se dispone a formar el Gobierno de la nación con los votos de la misma tropa.

También el salmantino Fernando Pablos está que echa las muelas. No es para menos. En algún momento se le vio tan crecido que incluso llegó a pedir la ‘deportación’ política’ de Mañueco, apoyándose en una denuncia presentada con nombre falso por algún amigo suyo (si no lo era antes de acudir al juzgado, lo es desde entonces) y que ayer fue archivada con varapalo incluido del juez, por tergiversar los hechos con mala fe. La misma mala fe de Pablos.