18 septiembre 2019
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Vuelta a las andadas

14 sep 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Ya estamos todos, se acabó lo que se daba y otra vez a la rutina. No queda tiempo que perder y hay que recuperar lo perdido a toda prisa. Una vez de regreso a las labores, la vida vuelve a la normalidad, y aunque las Ferias siguen, los que trabajan han vuelto al trabajo, los niños al cole y los universitarios a las calles para hacer el canelo con sus novatadas. Infame comienzo de curso y denigrante forma de iniciar la carrera. Bienvenidos todos a la brega.

También han vuelto los políticos, cada uno a su manera, aquella que creen puede irles mejor para su reaparición en escena. La vuelta de algunos apenas se ha notado porque apenas se notó su ausencia, la de otros por el contrario ha sido sensacional, incluso insolente la de quien necesitaba que se hablase de él tras un largo periodo de inacción sin que nadie le echase de menos, y lo consiguió, la del extodopoderoso consejero de Herrera en el Gobierno y ahora concejal en el Ayuntamiento de Valladolid, De Santiago-Juárez, pidiendo un sin sentido (que no repito por sabido) sin venir a cuento para nada más que para seguir tocando lo que él ha sabido siempre muy bien hacer. Pues ni caso. Es la mejor respuesta que se puede dar a las palabras necias de un resentido y como no merece más, a otra cosa.

Pues otra cosa es el tira y afloja que entre manos se traen Sánchez e Iglesias a cuento de sus asuntos, que son el pan nuestro de cada día y que no tendría apenas importancia más que la anecdótica si no fuera porque en este pasatiempo tan cutre nos la jugamos todos a una de dos, o a un Gobierno infumable de los que no hay por dónde coger o a elecciones. Y mientras llega el momento de saberse si aquello o esto, dan tiempo al tiempo entreteniéndonos en un cuerpo a cuerpo deslucido y marrullero que les ayuda a mantenerse en pie aguantándose el uno en el otro a la espera de que suene la campana, momento que esperamos con la curiosidad puesta en ver cómo acaba el asalto, que se reduce casi a un monólogo grosero a base de lamentos y reproches de Iglesias contra Sánchez, que si dice algo al respecto o decide responderle lo hace por boca de otros.

Echo mano de la prensa de estos últimos días, la repaso y leo que para Iglesias “el problema es Sánchez, quiere acaparar todos los sillones y todo el poder, espero —añade— que en las próximas horas no piense tanto en sí mismo y sí en los intereses de España”. Quién fue a hablar. Le llama “irresponsable”, le acusa de “pretender negociarlo todo en el último momento” y de llevarnos a nuevas elecciones. Reacciona como una fiera acorralada, no ve ninguna salida a lo suyo y se desespera, se lo juega todo y no le quedan bazas.

Quiere ministerios y quiere cargos. Le ha ofrecido el PSOE a cambio la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y el Defensor del Pueblo, cargos de notable relevancia aunque no supeditados al Consejo de Ministros y sí, pero no sin lo otro. Dicen que han dado por rotas las negociaciones, quién se lo cree a estas alturas después de lo visto y oído, con toda España pendiente de estos dos sujetos jugándose su porvenir como quien se juega al mus el café de la sobremesa.

Y del resto de quienes completan la escena política (salvo de los golpistas y demás tropa que dan de sí más de lo mismo de siempre, la última Diada ha sido otro ejemplo de lo acostumbrado), ¿qué se puede contar? De momento poca cosa mientras no se aclaren con la fórmula que dé salida al atolladero en el que PP y C’s más Vox andan metidos. Aunque hay de donde sacar, España no acaba de sumar, solución que podría ser, pero no es ni será, mientras la confusión crece y deriva hacia una posible repetición de elecciones, que no sería lo peor si el pueblo soberano tomase conciencia de la que le espera si no acierta en las urnas, atizadas a golpes de sondeo. El último del CIS eleva al PSOE más a la cumbre de lo que estaba. No sé quién decide por mí en las encuestas, nunca me han preguntado, pero si hay que ir a elecciones, se va, pese al riesgo de que salga lo que a Tezanos se le antoje.