11 diciembre 2019
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Vota a Franco

26 sep 2019 / 03:00 H.

Tal y como de era de esperar en este país de traca y pandereta, Francisco Franco, casi cincuenta años después de muerto, entra en campaña electoral gracias a Pedro Sánchez y sus mariachis resentidos, y gracias al Tribunal Supremo, que acaba de avalar la salida de los restos del ex Jefe del Estado del Valle de los Caídos. No entiendo nada, y desde luego no entiendo qué pinta el Tribunal Supremo perdiendo su valioso tiempo en si se sacan o no los restos de un difunto de su tumba, por mucho Franco que sea.

No entiendo nada y vuelvo a mi tesis: trasladar los restos de Franco de un lugar donde no hacían ningún ruido, ¿son el principal problema que tiene España, un país que ni siquiera es capaz de darse un Gobierno, de atajar sus corrupciones, de salir de su mediocridad, de abrazar de una santa vez la democracia sin complejos?, ¿merece Franco, ya un mero capítulo de nuestra Historia, ser llevado como protagonista ante la Asamblea General de la ONU como acaba de hacer Sánchez?, ¿de verdad no tenemos nada mejor que hacer que seguir reescribiendo desde el odio interesado nuestra propia Historia, que seguir “resucitando” cadáveres de 1975 y meterlos en el debate electoral de una democracia (o lo que sea esto) de 2019? No entiendo nada.

Y no me importa que muchos de nuestros políticos sean los sinvergüenzas totalitarios que son, rehenes de sus carencias intelectuales, morales, y de sus programas de veleidades y de brindis al sol. Lo que sí me importa y me preocupa es que estén destrozando al ciudadano medio, haciendo de España una nación encantada de vivir bajo el yugo de la ignorancia y de la manipulación.

Por eso no me importa, a mí, hijo de la democracia y de un mundo en paz, criado y querido en un ambiente familiar sereno y cosmopolita, educado en una escuela pública cabal y no alienante, que me llamen facha o franquista por decir lo que pienso, por rebelarme contra la mentira, la presión y la opresión.

Por hacer de la Historia parte de mi vida. Sin complejos, sin alharacas, sin revanchas.