25 junio 2019
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Vivas sin brindis

14 jun 2019 / 03:00 H.
Santiago Juanes
El bestiario

L os botijos de La Salud se establecen ahora en Los Bandos. La romería de La Salud ha quedado despojada de ellos, que eran parte de la gran fiesta tejareña. Los romeros iban a la iglesia, echaban los rezos, reclamaban salud y al salir compraban el botijo y unas avellanas para el camino de vuelta. El botijo se curaba antes de usarlo para que refrescase el agua del verano, y las avellanas para entretener el regreso mientras se canturreaba el Chana, Chana, cómo te gustan las avellanas, que inmortalizase el gran Nino Sánchez y que hoy interpreta Gabriel Calvo con entonación de viejo juglar y romancero. Hoy los botijos están en Los Bandos, que acoge una feria alfarera llena de curiosidades, y también en Alba de Tormes, donde se acaba de inaugurar la muestra “50 botijos y un amigo”, en la iglesia de Santiago. Se ha adelantado a Tejares, que era la patria del botijo como lo es de Lázaro de Tormes, sabio por el coscorrón en el toro de la puente o “animal de piedra casi con forma de toro”, que es como se describe en la novela. Esa escultura secular marcaba territorio o jurisdicción antes de que lo fijase el Fuero de Salamanca, igual que protegía al ganado de desgracias. Tejares, tantas veces vendido como comprado, es también la patria del picadillo, inmortalizado por Dionisio Pérez, alias Post-Theussen, en su “Guía del buen comer español”, que rivaliza estos días con la chanfaina, guiso de fiesta y barrio, venerado por ilustrísimas, como Vicente del Bosque. Hay una chanfainita peruana hecha de bofe de res, menudencias de cabrito o cordero, cebolla, hierbabuena... Con bofes, cebolla y otros condimentos se hace la chanfaina etimológica de Corominas. Plato de asaduras, como sangre, hígado y livianos, o de verdura, tomate, berenjena o pimiento, eran las sanfainas de las mesas y cocinas del siglo XVIII recogidas por María Ángeles Pérez Samper.

Picadillo y chanfaina hubiesen encajado en la recepción oficial por San Juan de Sahagún en la Casa Lis, pero no hubo agasajo a los invitados. Quizá se establezca en los pactos entre García Carbayo y Suárez que haya refrigerio en tan señalada ocasión y el Concejo convide a sus invitados, así, la cita no quedará deslucida y reducida a un discurso y vivas sin brindis. Los vivas a los novios y los patronos o se hacen con la copa en la mano o se quedan en nada. Brindis al sol. Los Poiret fueron testigos de corros en los que Lourdes Villoria, alcaldesa de Cabrerizos, explicaba su actuación sanitaria mientras llegaban los servicios de emergencia; José Martín, que siempre será Pepe “Villares”, recibía despedidas cariñosas; y Ana María Suárez, era preguntada por los pactos y elogiada por su vestido. En otros corros se intercambiaba confidencias: todo está hecho. Vaya. Incluso en algunos ya se repartían cargos y despachos. Y todo ello, a palo seco, que con un par de copas de vino igual se hubiese ido más allá y todo hubiese salido y expuesto a la luz.

Se ha hecho la Luz y las Vanguardias en Salamanca. Se precisa de espíritu romero para ir de acá para allá, y entre una estación y otra hacer transbordo en el bar más próximo a comentar la jugada y descansar. En unos días otra luz, la de las hogueras de San Juan, abrirá las puertas del verano. Campa el cerdo albercano por sus calles y los mozos se han encomendado a San Antonio para que les eche una mano o se acogerán al oficio de las brujas la noche de San Juan. Vivimos tiempos de luz, pero no sé si también de taquígrafos.