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Se avecinan meses muy intensos para la política española. No es para saltar de alegría teniendo en cuenta que seguimos luchando contra una pandemia que parece no tener fin y que debemos afrontar las consecuencias más graves de la crisis económica que ha provocado (lo vivido hasta ahora solo es un anticipo). Dice muy poco de este país y de sus gobernantes que en el trance más duro de las últimas décadas estemos ocupados en engaños vacunales, vergonzantes indultos, invasiones alentadas desde el Gobierno y cambios ministeriales. Así será imposible levantar cabeza a corto plazo.

Lo que es definitivo es que Sánchez está tocado y hundido. La acumulación de despropósitos de su Gobierno en los últimos meses es insuperable. Es complicado meter tanto la pata y abrir tantas crisis en tan poco tiempo. La primera, con la pandemia. Pensábamos que Carolina Darias lo tenía difícil para superar la ineptitud de Salvador Illa, pero lo ha conseguido. Y lo peor de todo es que ha usado el engaño. Valga el ejemplo de AstraZeneca y la difusión intencionada de la noticia con los casos de trombos de meses atrás con el objetivo de que los menores de 55 años vacunados en primera dosis con este suero eligieran Pfizer para la segunda. Su último desatino ha venido que con el semáforo de los niveles de riesgo. Después de un año haciendo dejación de funciones y descargando todo el peso de la gestión de la epidemia en las autonomías, ahora el Gobierno quiere tomar las riendas cuando la tormenta amaina. Es normal que la mayor parte de las comunidades manden a paseo a Darias. Una cosa es cooperar e ir de la mano y otra cosa es ser idiotas.

No queda ahí la cosa. El asunto que provocará que el PSOE se despida definitivamente del votante moderado está en Cataluña. Los indultos a los golpistas, que ya se han cocinado y próximamente se servirán en mesa, marcarán un antes y un después en la democracia española. Uno de los mayores escarnios a los ciudadanos de bien. Ese día, el Gobierno no tendrá autoridad para exigir que los españoles cumplamos la ley. Es un buen momento para empezar a cobrar en negro, enganchar la luz ilegalmente o falsificar la ITV, por ejemplo. Nadie en el Ejecutivo nos puede pedir que seamos decentes y personas de bien cuando una panda de sediciosos es premiada por saltarse a la torera las normas básicas de convivencia. Ese día quiero escuchar de una santa vez a ese PSOE sensato que, si sigue existiendo, permanece silenciado por el yugo del ‘sanchismo’. Ese que apostó por Susana Díaz y que, de la noche a la mañana, desapareció para sucumbir al radicalismo y a los pactos con Podemos para conservar las poltronas. ¿Dirá algo Fernando Pablos? ¿Explicará ‘Tudancamon’ a los castellanos y leoneses las ‘virtudes’ de los indultos? Lógico que las encuestas dibujen una sonora derrota del líder de los socialistas en la Región.

Y por si fueran pocos los frentes abiertos, Sánchez anunciará en semanas los cambios en su gabinete. Una huida hacia adelante para intentar salvar unos muebles que ya están totalmente carcomidos. Todo apunta a que se marcharán a su casa los reyes de la inutilidad. Léase González Laya, Marlaska y el holgazán de Castells. Los dos primeros son los responsables de haber alentado la inaceptable invasión del rey moro en Ceuta y Melilla. Y el tercero, lleva casi dos años ‘tirado a la bartola’ y poniéndose la camiseta de colega de los alumnos mientras pone en duda las medidas sanitarias que aplican las universidades. Presumiblemente Sánchez le dará más poder a su ‘mamporrero’ Ábalos y firmaría su sentencia anticipada si fulmina a la única ministra decente y sensata de su equipo, Margarita Robles.

Casado se frota las manos y eso que su incapacidad para dirigir el país es manifiesta, salvo que apueste por un Gobierno de concentración al estilo italiano tal y como aseguró en el ‘Financial Times’ para aparentar ser el estadista que ni en sus mejores sueños será.

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