01 diciembre 2020
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Ver y reconocer

    La apertura a las visitas desde hoy del parque arqueológico del Botánico es como presentarle nuestros respetos a la Salamanca desaparecida, de la que formaban parte el Colegio Mayor de Cuenca y el Convento de San Agustín, cuyos venerables restos dan forma a este parque, que tiene algo de “foro” (como el de Roma), salvo que el Foro salmantino era, en realidad, la Plaza de San Martín. Este parque arqueológico es el epicentro de la Salamanca artística desaparecida porque rodeaban a estos dos edificios los de San Cayetano, el Alcázar, la Merced, el Colegio del Rey, el Trilingüe, el Colegio de Oviedo, la iglesia de San Bartolomé de los Apóstoles, las sinagogas de nuestra judería, entre otros, y así podríamos continuar en anillos concéntricos hasta dar de bruces con el muro, o sea, la muralla. Ha quedado como una reliquia de aquellos días la vecina casa de los Abarca, hoy Museo de Salamanca, relicario de aquella Salamanca. Nuestros respetos a Juan de Álava, que hizo el Convento, y a Diego Ramírez de Villaescusa, que promovió el Colegio, en cuya construcción también intervino Juan de Álava. Hay que leer a Antonio Ponz (“Viage de España”, 1788) para imaginarse el claustro del Colegio hecho con el mismo gusto con el que se hizo el de Fonseca, rodeado de figuras inspiradoras para los estudiantes que vivían en él. Concluye su relato Ponz con un “semejantes obras merecerían estar preservadas de las inclemencias del tiempo, que al fin hacen en ellas sus regulares efectos”. El tiempo, la incultura y la codicia, en este caso, se aliaron en su contra. También San Agustín merece los mejores elogios de Ponz, comenzando por la portada de “buen gusto, inagotable riqueza y exquisitos adornos”. En fin, hablamos de dos joyas perdidas. El paseo por el Parque Arqueológico del Botánico, entre venerables ruinas, exige del mayor recogimiento y nos acerca la necesidad de un centro dedicado a la Salamanca desaparecida, que tiene su mirador más preciso en el Cerro de San Vicente, donde antes de 1812 podría haber estado el mejor banco de Salamanca, con unas vistas únicas de todos aquellos edificios perdidos y de los que aún permanecen en pie.

    ¿Dónde está hoy el mejor banco de Salamanca? Banco de sentarse, quiero decir. Unos dicen que junto al embarcadero del Tormes, al pie del Puente de Enrique Estevan. Otros apuntan al banco que se encuentra a los pies del monumento a Francisco de Vitoria cuando el atardecer enciende la fachada de San Esteban, obra también de Juan de Álava. Hay quien apuesta por los bancos de la Plaza Mayor que miran a su fachada principal, que al encenderse al anochecer emociona y está el que no puede resistirse en la calle del Rosario a ver desde uno de sus bancos las torres de La Clerecía por encima del caserío urbano. Lo cierto es que el banco del embarcadero hay que ponerlo entre los mejores del mundo, por lo menos, porque de sus vistas no se cansa uno jamás, y si no es ese, digo que lo es el de San Vicente.

    Ignoro si los turistas sabrán o no reconocer el valor de este santuario que se inaugura hoy, pero los salmantinos debemos ser capaces de valorarlo y al tiempo saber transmitir su importancia. Los guías del recinto afrontan el reto de dar a conocer lo que la vista ve pero no reconoce, y al tiempo poner en valor esos vestigios y hacer que funcione la imaginación del visitante. No es poca cosa. Ánimo.

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