16 octubre 2019
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Ventajas y peligros de la abstención

17 sep 2019 / 03:00 H.

Ante la iniciativa de Albert Rivera de proponer una abstención conjunta de Ciudadanos y PP para permitir un Gobierno de Pedro Sánchez cabe tanto el aplauso como la descalificación. Sobran motivos para elogiar la propuesta, que nos libraría de otras elecciones, y abundan las razones para censurar el anuncio realizado a pocas horas de expirar el plazo para este tipo de acuerdos.

Por eso lo mejor es ir al fondo del asunto: ¿sería bueno para España que el centro derecha se abstuviese y favoreciese así la continuidad de Sánchez en La Moncloa? En principio, tendríamos dos efectos positivos: evitaríamos acudir de nuevo a las urnas y acabaríamos con la inestabilidad gubernamental que lleva tiempo lastrando la economía. Pero el juicio final de esa abstención debería esperar a ver qué hace desde el Gobierno el Doctor No es No a no ser que sea Yo. Desde luego, si su gestión tiene algo que ver con las 370 medidas de gobierno anunciadas para engatusar a Pablo Iglesias, casi sería mejor continuar con cuatro años de interinidad.

Así que... sí, pero no. Y después está una secuela peliaguda: ¿quién apoyaría al PSOE en el día a día en el Congreso para aprobar los Presupuestos y las grandes leyes? Porque en una cosa tiene razón el presidente en funciones: de nada sirve que le apoyen en la investidura tanto Unidas Podemos como PP o CS si luego pasan a la oposición y le impiden gobernar.

En lo que no tiene razón Sánchez, y además miente a sabiendas, es cuando asegura que ya cumple las condiciones impuestas por el líder de los naranjas para premiarle con su abstención. Ni prepara el 155 para aplicarlo tras la sentencia del procés, ni ha renunciado a indultar a los golpistas, ni descarta subir impuestos, ni va a devolver Navarra a la senda de la Constitución. No cumple ninguna de las condiciones. Respecto a los rebeldes catalanes, el Gobierno del Doctor No sigue manteniendo la línea de comprensión y diálogo, justo la contraria de lo que necesita el conflicto. Sobre los impuestos, eso de que su Gobierno “tiene la intención de aliviar la carga fiscal de las familias, autónomos y clases medias” no se lo cree nadie ni cuadra con sus previsiones de “apretón fiscal” al contribuyente. Y en Navarra hay un ejecutivo apoyado por los proetarras que no es ilegal ni insconstitucional, pero que trabaja para saltarse la ley y la Constitución. Chivite hace en Navarra lo mismo que Torra en Cataluña, con las mismas o peores compañías.

Si Sánchez se comprometiera por escrito y ante notario a cumplir esos tres grandes pactos, estaríamos ante una buena noticia. No una solución, pero sí un buen síntoma. Sin embargo, las posibilidades reales de ese acuerdo de última hora se antojan minúsculas. Y todavía mucho más difícil es que los tres tenores, los tres líderes de los tres grandes partidos constitucionalistas, lleguen a una verdadera solución, que no es otra que un gobierno de concentración, una verdadera alianza de las tres formaciones para sacar a España de la grave crisis en que se encuentra, por el desafío de los golpistas y por la amenaza de una nueva recesión. Pero de eso no quieren ni oír hablar Sánchez, Rivera y Casado. Todos ellos son conscientes de que sería bueno para España, pero en sus cálculos pesa más el temor a perder votos en las siguientes elecciones que el mínimo sentido de Estado. Si sus asesores atisban que ese acuerdo a tres bandas favorecería a Vox y a Unidas Podemos, no hay nada que hacer.

Ninguno de ellos es capaz de ponerse las gafas de mirar de lejos y pensar por un momento si hacer siempre lo mejor para España da o quita votos a largo plazo. Cuando un partido haga esta reflexión y actúe en consecuencia, asistiremos a la primera revolución política desde el renacer de la democracia en nuestro país. Quizás lo veamos nosotros, o nuestros hijos, o nuestros nietos.