27 mayo 2020
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Vender el alma al diablo

23 may 2020 / 03:00 H.

Cuando toda España se encuentra por fin al menos en fase 1, lo que confirma que la situación sanitaria empieza a estar bajo control, el Gobierno se disfrazó de Fausto para vender su alma al diablo por otra prórroga del estado de alarma.

Cuando el Parlamento Europeo deja en evidencia a España por ser el único país de la UE que opta por esta excepcionalidad rechazada por represiva por otros como Alemania (que aún así registra 8.100 muertos por el coronavirus por los 28.000 de España), Pedro Sánchez rompe los puentes con todo, incluso con los suyos, para que su Gobierno siga teniendo el mando absoluto; para seguir dando órdenes incluso a la policía local; para que haya una única voz en España y siga siendo la suya; para que las comunidades sean autónomas solo para obedecerle; para que el parlamento le deje tranquilo; para que el Portal de Transparencia siga oscurecido; para básicamente seguir haciendo lo que quiera sin rendir cuentas.

Ahora mismo a Sánchez solo le molestan las caceroladas y las puede controlar mejor desde el estado de alarma. Eso sí, le inquietarían más si no se mostrara en ellas tanta bandera de España, porque eso tristemente le permite el respiro de poder asociarlas a la ultraderecha y desvincularla de esos manifestantes hartos de la privación de libertades y de la recesión económica.

Y son muchos. Ahora mismo hay 900.000 personas con nombre y apellidos que aún no han cobrado el ERTE, pero en lugar de resolverlo o de aliviar también la situación de los autónomos, el presidente priorizó la prórroga, costara lo que costara... y vaya si ha costado.

Primero, por pactar con EH-Bildu, lo que el presidente negó que haría. De un plumazo ha tirado por tierra su ya poca credibilidad al olvidar aquel “le estoy diciendo que con Bildu no vamos a pactar, si quieres lo digo 5 veces o 20”, que soltó en una entrevista en Navarra TV, ahora viral. Entregarse a las políticas de Otegui es uno de los golpes más bajos que puede dar el presidente a los familiares de los 864 asesinados por ETA y es olvidar que compañeros de partido, como Fernando Múgica, perdieron la vida por defender al PSOE.

Si el pacto en sí estremece, las formas de alta traición son de película. Pedro Sánchez se lo ocultó a la mayoría de su Gobierno y dejó fuera a las que más tenían que decir: la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, que al conocerlo montó en cólera y logró esa rectificación; y a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, partidaria de la derogación de la reforma pero con diálogo social. Ninguna sabía de los trapicheos. Pero es que se rió de Cs, que con candidez le entregó su voto a cambio de nada; engañó al PNV; levantó de la mesa a la CEOE; ninguneó a los barones del PSOE... Y con su rectificación sacó de quicio a sus socios Otegui e Iglesias. Ahora sus pactos son más papel mojado que nunca. Y eso no es bueno para España.

Y con ser grave el pacto por sus protagonistas, por cómo se fraguó y porque nos descubre de nuevo a un presidente nada fiable, más lo es por sus consecuencias. Se produce en el peor momento: España necesita que Europa le preste sin condiciones 15.000 millones para el fondo europeo de desempleo. Esa seguro que era la lectura que hacía Nadia Calviño cuando instaba a su propio presidente a resolver problemas en lugar de a crearlos.

Porque si España deroga la reforma laboral, se ahoga: las agencias crediticias internacionales (Moodys, S&P) ya han advertido que acabar con la flexibilidad en la contratación supondría un acceso más caro al crédito; se ahoga porque el FMI bendice la reforma de 2012; porque la Comisión Europea resaltó al Gobierno el efecto negativo en el mercado laboral de su derogación y Europa no está dispuesta a prestar dinero a alguien sin garantías; y porque Bruselas solo confía en Nadia Calviño y ella ya no disimula que está horrorizada con su propio Gobierno. Nos ahogamos porque con este pacto la marca España está por los suelos cuando se negocia el presupuesto de la UE y nos arriesgamos a perder 1.900 millones.

El 11% de los españoles no puede pagar el alquiler o la hipoteca por el coronavirus y a la vez aumenta la desigualdad entre comunidades... También por el pacto. EH-Bildu arrancó de Sánchez una capacidad casi ilimitada de gasto para el País Vasco y a Navarra, a las que exime de que los desembolsos por la pandemia computen. Les da un cheque en blanco, otro más, mientras el resto, como Castilla y León, casi no respiran entre deudas.

“Los líderes que aparecen nerviosos, cambiando de posición de la noche a la mañana, que aparecen diciendo hoy una cosa y mañana otra y buscando culpables, son líderes inútiles, completamente nefastos para enfrentar una crisis”, advertía Felipe González en un mensaje velado a Pedro Sánchez. Ayer el presidente ya encontró el culpable que le faltaba: el PP.

Sánchez seguro que miró al suelo mientras escuchaba a González y soñó con prorrogar ‘sine die’ el estado de alarma, que le resulta tan cómodo. Pensó en ampliarlo a costa de todo: a costa nuestra, a costa de su Gobierno, a costa de su partido y por lo vivido con este pacto con EH-Bildu, a costa incluso de España.