16 agosto 2019
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¡Vaya, vaya! Aquí sí hay playa

22 jul 2019 / 03:00 H.
Pablo Montes
Sin tapujos

Podemos tener la Universidad más antigua de España, una de las plazas más bellas del mundo, un casco histórico Patrimonio de la Humanidad y hasta un paisano presidiendo la Junta de Castilla y León. Pero como diría la canción ochentera del grupo The Refrescos, “¡vaya, vaya!, aquí no hay playa”. O no. Tranquilos, no quiero anexionar Aveiro a la provincia de Salamanca (no puedo negar que me gustaría). Aunque sus aguas no sean saladas y no podamos alongarnos sobre kilómetros de fina arena, Salamanca tiene sus particulares playas. Esos pequeños paraísos donde, en mitad de la frondosa vegetación, aparecen como un regalo una maravillosa poza o una piscina natural de aguas frías y cristalinas. Un bálsamo para paliar esas altas temperaturas que algunos llevan tan mal. ¿Cuál es el problema? El desconocimiento y la falta de un ‘respaldo legal’.

Hasta hace tres años una provincia rica en arroyos y ríos como es la nuestra sólo contaba con una zona de baño autorizada por la Junta de Castilla y León. Era el único consuelo que teníamos. Puente del Congosto resistía estoico a las dificultades de tener que cumplir los requisitos para llevarse este ‘galardón’. Pero desde 2017 ya no aparecemos en el mapa. A pesar de contar con magníficas piscinas naturales como las de Valero, Villanueva del Conde, Miranda del Castañar y Garcibuey, por poner algunos ejemplos, a los ayuntamientos parece no compensarles dar este paso. En algunos casos es por falta de fondos para acometer inversiones relacionadas con la accesibilidad, la contratación de un socorrista, la construcción de vestuarios y baños, etc. Pero en otros, aun existe esa egoísta y cateta visión de: “la piscina natural, para los del pueblo”.

En provincias como la nuestra no estamos para dejar pasar trenes de ningún tipo. Algo tan aparentemente anecdótico como una zona de baño es sinónimo de riqueza. De que se pueda abrir un chiringuito en sus inmediaciones. De que comiencen a llegar visitantes. De que se empiece a poner de moda gracias a las magníficas fotos que se cuelgan en Instagram. Y una cosa lleva a la otra. Porque en invierno, cuando la piscina esté cerrada, los visitantes pueden seguir llegando para hacer senderismo, para comer en un restaurante típico o para comprar una miel pura que nada tiene que ver con el cóctel infame procedente de China que nos venden en los supermercados.

Mi amigo Miguel Ángel Ávila, autor de una guía sobre las piscinas naturales salmantinas y que elaboró para la Diputación la interesante aplicación “Paisajes de agua”, es uno de los convencidos de que estas pequeñas joyas son fuentes de riqueza. No descubrimos nada nuevo. Sólo hace falta darse una vuelta por nuestras provincias vecinas. En Cáceres, las piscinas naturales de Las Hurdes, el Jerte, la Vera y el Valle del Ambroz son una auténtica delicia. La Junta de Extremadura tiene autorizadas 40 zonas de baño y cada una de ellas registra cada día un ambiente espectacular donde el ocio genera negocio.

En Zamora, la Junta de Castilla y León ha autorizado nueve zonas, una de ellas en el río Duero a su paso por la capital. Se trata de la playa de Los Pelambres que, aunque ya era usada por los zamoranos para refrescase, ahora cuenta con ese paraguas legal tan importante en una capital. Un buen ejemplo es también Portugal. Da igual que, desde cualquier punto del país, sus magníficas playas atlánticas estén a poco más de dos horas en coche. Enclaves como la Sierra de la Estrella, a hora y media de Salamanca, están repletos de zonas de baño donde no faltan cuatro componentes básicos: sombra, vestuarios, socorrista y chiringuito. Sino que se lo digan a Freixo de Espada a Cinta. Su playa fluvial de La Congida a orillas del Douro tiene incluso la bandera azul, la máxima distinción que puede recibir cualquier playa a nivel europeo.

Tenemos los mimbres, sólo hace falta que los ayuntamientos se pongan las pilas y sepan ver este auténtico potencial. Las piscinas naturales no son una moda pasajera. Son una alternativa a la playa barata, cercana y muy agradable que cada vez conquista a más personas.