18 enero 2022
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Vamos a ‘gripalizar’

15 ene 2022 / 03:00 H.

    LA gran obsesión de este Gobierno es el control de la información y de los medios de comunicación. Lo reconocía Pablo Iglesias cuando aún no era ex y también el gurú Iván Redondo. Ambos maquinaban encandilados por Orwell: solo existe lo que el Gobierno dice que existe. Por eso estos días Sánchez no duerme porque su ministro de Consumo se ha salido de las líneas y le obliga a romper el guión.

    Es tal la obsesión de Sánchez por el control de la comunicación, que mantiene un entramado para orientarnos sobre qué debatir y cuándo y marcarnos lo que es importante y lo que no. A veces nos alarmará y otras nos mantendrá ‘gripalizados’, según lo que decida que toca.

    El Boletín Oficial del Estado -BOE- delata la obsesión de Sánchez. De la Dirección adjunta del Gabinete de la Presidencia dependen la Unidad de Mensaje y la Unidad de Estrategia, ambas con titulares de rango y sueldo de subdirector general. Y de la Secretaría de Estado de Comunicación, que solo consulta al presidente, el Departamento de Información Nacional, el de Información Internacional, el Digital y el de Coordinación Informativa, los cuatro titulares con rango de director general. Además manda sobre la Unidad de Logística Informativa, sobre la de Desarrollo o sobre la de Publicidad Institucional. A este macroentramado de Moncloa hay que sumarle también la estructura de comunicación de cada uno de los 22 ministerios. La comunicación política es clave en todos los gobiernos -también autonómicos y municipales- pero nunca se había visto antes un despliegue semejante.

    Y pese a todo, se le ha escapado Garzón que, inoportuno, le ha roto además a Sánchez la campaña electoral en Castilla y León. En comunicación política la máxima es ‘no crees tú los problemas, que te vendrán solos’. Pero Garzón se ve que no lo sabía, como tantas otras cosas.

    Ahora el Gobierno está en cómo salir de esta y pasa por decir lo que Moncloa dice que se diga. Ningún mensaje lanzado en crisis es casual. No es casualidad que se haya abierto un debate sobre macrogranjas, ganadería intensiva y extensiva cuando Garzón por lo que debería dimitir o debería echarle Sánchez es porque dijo en un diario británico que España exportaba carne de mala calidad procedente de animales maltratados. Esa es la polémica, no si el ganado pasta o vive bajo techo. Pero Estrategia ha decidido enfrentar a ganaderos de intensivo y extensivo. Quizás así olvidemos el daño que ha hecho Garzón a la exportación. Quizás así, enfrentando a los ganaderos, ellos se olviden del auténtico problema. Nada se deja al azar.

    No puede ser casual que, de repente, el Gobierno quiera ‘gripalizar’ la covid, justo en la cresta de la sexta ola. O responde a desviar el debate, o alguna encuesta apunta a que la gestión del virus empieza a penalizar a Sánchez.

    La maquinaria de comunicación se centra en que nos olvidemos de Garzón; trabaja para que ‘gripalicemos’ la subida de impuestos a autónomos o para que paguemos a Hacienda sin rechistar hasta si somos víctimas de un accidente de Tráfico. Se ‘gripalizó’ el gusto del Gobierno por el intervencionismo, ahora con la cuantía tope a los test cuando en 2020, en plenas ‘tractoradas’, el Gobierno repetía que no podía fijar precios ‘porque no está autorizado por la Constitución ni por la UE’. Y luego a lo mejor le cogen aún más gusto al intervencionismo y, como pide Errejón y defiende Podemos, fija también el precio máximo del alquiler y Estrategia nos lo ‘gripaliza’ luego, como las inasumibles subidas del precio de la luz.

    Lo único que ensombrece la macroestructura de comunicación es que siga habiendo medios críticos. Iglesias anunció como vicepresidente que quería nacionalizar los medios privados. Incluso Tezanos teledirigió una encuesta en la que el sorprendente resultado fue que 7 de cada 10 consultados aprobaban fijar una sola fuente de información. Fue la demostración del ‘la opinión pública no existe’ que defendía el sociólogo Bourdieu. Y Redondo soñó con su Ministerio de la Verdad sacado de su libro de cabecera, ‘1984’, para que solo existiera lo que el Gobierno quisiera. Por eso cuando un miembro del Gobierno hable de ‘bulo’ o de ‘fake news’ hay que ponerse en guardia porque a lo mejor son verdades pero no las suyas.

    Sánchez ni saluda a Garzón. Le ‘gripalizaron’ desde el Gobierno con un Ministerio de octava y se lo ha devuelto a Sánchez ahora, convirtiéndose en el actor protagonista de rebelión en la granja. Cuidado porque no siempre ‘gripalizar’ sale bien.

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