25 junio 2019
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Una noche en la ópera de los pactos

12 jun 2019 / 03:00 H.

Dentro de esta competición de pesca en río revuelto en que se ha convertido la negociación de los pactos locales y regionales, Albert Rivera ha sido el primero en llevarse un pececillo a la red. Cs ya tiene a Juan Trinidad en la presidencia de la Asamblea de Madrid gracias al apoyo de PP y Vox y eso no hay quien se lo quite. Los naranjas son de ese tipo de interlocutores que se apuntan el primer tanto, y después siguen negociando desde cero, como si no debieran nada a nadie. Así que hay acuerdo para el parlamento regional, pero se mantiene el pulso a tres bandas para el Gobierno de la Comunidad.

Porque cuando el sistema es un despropósito, los caminos para llegar a pactos son retorcidos e imprevisibles. En Madrid las tres formaciones a la derecha del PSOE protagonizan un modelo de negociaciones que provocaría un estupendo guion de Groucho Marx, si el divino humorista no hubiera fallecido de neumonía hace 52 años. El PP se entiende primero con Vox y luego se reúne con Ciudadanos para contarle los términos convenidos, pero los naranjas no quieren saber nada de los de extrema (salvo en privado) y los de Abascal exigen luz, taquígrafos y firmas, que los otros dos rechazan. Despropósito a tres bandas en un espectáculo propio de “Una noche en la ópera”.

En Madrid se negocia también el Gobierno de la nación, con métodos igualmente absurdos. Tenemos a Pedro Sánchez, pagado de sí mismo, que sigue en la nube de su éxito electoral sin caer en la cuenta de que no le cuadran las cuentas. A todos pide y a nadie da. Al desdichado Pablo Iglesias le exige apoyo a cambio de participar en un “Gobierno de cooperación”, un concepto recién salido de la factoría “Inventos Iván Redondo”. Y el marqués de Galapagar sale de Moncloa sin saber si será o no ministro de algo, que es lo único que le importa.

Sánchez solicita también el apoyo, abstención mediante, de Casado y de Rivera. Un sacrificio por el bien de España, para no tener que hacer cameos con la calaña. Y a la vez les amenaza con elecciones anticipadas si fracasa su investidura. Todo muy altruista. Por supuesto, los dos líderes del centro derecha se niegan a salvarle, por el bien de sus propias trayectorias. Cierto es que a los españoles les convendría un acuerdo de las tres formaciones constitucionalistas, pero claro, cuando tienes enfrente al Doctor No es No, cuya altura como hombre de Estado raya al nivel del suelo, y que ha cimentado su carrera dentro del PSOE sobre la base de su negativa a salvar a Mariano Rajoy de una situación similar... se te quitan las ganas.

Casado ha confirmado su intención de votar contra Sánchez, pero al menos ha dejado clara su voluntad de llegar a acuerdos en asuntos de Estado como la violencia de género, infraestructuras, defensa, renovación de órganos institucionales y Pacto de Toledo. En cambio, la reacción de Rivera ha sido bastante peor. A Sánchez le ha invitado a echarse directamente en brazos de Podemos y de sus otros indeseables socios de la moción de censura. Una invitación incompatible con el anuncio ‘rivereño’ de que Ciudadanos “será firme ante las subidas de impuestos junto a su socio Iglesias y ante las cesiones a los nacionalistas; pero será también leal a España”. No es posible, señor Rivera. Si Sánchez se acuesta con los bolivarianos y los golpistas, ni San Juan de Sahagún nos librará del arreón fiscal y de la escalada separatista.

Si los primeros espadas actúan con tal grado de incoherencia, no es de extrañar que en los escalones inferiores reine el desconcierto. Aquí, en Castilla y León, las conversaciones PP-Cs avanzan entre el oleaje de un mar de dudas, porque los dos partidos miran de reojo a lo que pueda ocurrir en la Alcadía y la Comunidad de Madrid. Hay conversaciones más o menos fluidas, pero también compás de espera y mucha meditación. Y mientras tanto, uno de los candidatos relee en estos dos días dos viejos libros: “Manual del revientapactos” y “Disciplina de partido, esa odiosa lacra”. Adivinen de quién se trata.