29 octubre 2020
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Una mirada atrás y otra adelante

    En el año 1769, Salamanca tenía según el censo, 15.319 habitantes. La mayoría vivían apestados y confinados en una ciudad que carecía de los más elementales servicios higiénicos. No había hospitales públicos, ni traída de aguas ni alcantarillado. Pero a sus habitantes ya les venía estrecha la cerca de la muralla y pugnaban por desbordarla.

    En 1900, hace ciento y muchos años, la ciudad había crecido hasta censar 25.690 habitantes, se construía un incipiente pero insuficiente alcantarillado y llegaron primeras bombas de agua que la subían desde el Tormes a las fuentes públicas que había en la capital. Se anunciaba el milagro de la luz eléctrica y dos empresarios eficaces y visionarios, el Sr. Moneo, el de la Cuesta, y el Sr. Mirat, el de la Avenida, iban a contribuir con sus empeños e iniciativas a nuestro progreso, sin olvidar al Sr. Huebra, cuya tienda de muebles aún luce portada en la calle San Pablo.

    ¡Pero la mitad de la población era analfabeta! La Universidad estaba en decadencia absoluta, con una matrícula que no llegaba a 500 estudiantes y la economía era un páramo de pobreza dominado por los terratenientes absentistas y la poderosa Diócesis. Así de dramática era nuestra realidad hace 120 años. Por fortuna hoy las cuentas son otras.

    Ahora cuando la pandemia nos asuela, con la hostelería arrasada, la Universidad semiparalizada, la ganadería con los precios derrotados y lo que es peor, la sanidad pública en situación crítica, no conviene olvidar que hemos llegado desde la más remota pobreza y miseria en la que vivieron nuestros tatarabuelos, hasta la acomodada sociedad actual por méritos propios.

    No podemos perder el optimismo ni la energía. Aunque nuestros mandamases sean unos mostrencos cainitas. A pesar de tantos periodistas sectarios. A pesar de tantos chamanes apocalípticos que anticipan el fin del mundo y se burlan de la ciencia -que es la única que nos puede sacar de este pantano- quiero creer que la vacuna llegará muy pronto, que iremos raudos a que nos la chuten en los centros de salud -si es que sobreviven- y que con ella la vida volverá a la vieja y añorada normalidad.

    Estaban mucho peor hace 120 años y prosperaron...

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