10 agosto 2020
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Una llamada para salir de dudas

15 dic 2019 / 03:00 H.

Tiene Alfonso Fernández Mañueco una buena oportunidad en la conversación telefónica del martes para intentar entender lo que a la gran mayoría de los españoles nos tiene perplejos y atormentados. ¿Qué pretende Pedro Sánchez? ¿Hasta dónde está dispuesto a ceder, qué está dispuesto a vender, a qué nivel de indignidad está dispuesto a llegar con tal de seguir calentando colchón en La Moncloa?

Si yo estuviera en el lugar del presidente de la Junta de Castilla y León no desperdiciaría la ocasión de sonsacarle al presidente en funciones alguna pista sobre sus intenciones ocultas, sobre esos pactos negros y malolientes que se están fraguando en las alcantarillas de la política donde negocian Adriana Lastra y Gabriel Rufián, con el asesoramiento imprescindible de Miquel Iceta y Oriol Junqueras.

Mañueco debe aprovechar que el Doctor Sánchez llegará cansado a esa conversación telefónica, después de haber llamado a los otros dieciséis presidentes autonómicos (Castilla y León está a la cola, también en esto, por haber aprobado la última su Estatuto de Autonomía). Quizás la fatiga provoque en el presidente en funciones una relajación tal que le lleve a decir una verdad, así como por descuido. Es difícil, pero es el deber de Mañueco intentarlo.

En ese encuentro telefónico ya no hará falta que el presidente de Castilla y León le llame a Sánchez “trilero político” y “mentiroso”, como hizo ayer, ni afearle el que esta ronda de llamadas solo responde a una artimaña para camuflar su necesidad de hablar con Quim Torra. Eso ya se lo habrán dicho por activa y por pasiva los presidentes de las otras autonomías que van delante, incluidos unos cuantos socialistas. Mejor haría Mañueco en preguntarle si ha pedido vaselina a los Reyes, para saber si todos los españoles vamos a tener que tragar con un pacto donde se marquen los caminos para destruir España.

Podría preguntarle Mañueco a Sánchez qué opina de los ‘piropos’ que han cruzado en estos días sus colegas Emiliano García-Page y Javier Lambán, por un lado, y el bailongo Iceta por el otro. Si no piensa el Doctor No es No, como pensamos muchos, que el líder del PSC se ha contagiado del supremacismo de Puigdemont y Torra. Si no le hace gracia a Sánchez que sea precisamente Iceta la nueva encarnación del superhombre catalán, pese a que su cuerpo no es precisamente el canon de la raza aria. Más bien parece el ideal del pícnico, bajito, cuerpo rechoncho, cara ancha y cuello corto (para ser supremacista no hay que ser ni alto ni guapo, y ahí tenemos como ejemplos a los líderes históricos del separatismo catalán, desde Jordi Pujol, de estatura limítrofe con la de los siete amigos de Blancanieves, o a Junqueras, el orondo preso cuya mirada te hace sentirte acorralado).

Ya sabemos que el Doctor No es No ha declarado desde Bruselas su acuerdo con las dos cesiones de la vergüenza ante los golpistas catalanes, la negociación ‘de igual a igual’ del Gobierno de España con la Generalidad presidida por los secesionistas y el concepto icetil de ‘nación de naciones’. Pero no hay que hacerle mucho caso pues, como el mismo Mañueco indicaba ayer, Sánchez solo miente una vez... cada vez que habla. Y a ver si tiene suerte y el presidente en funciones le explica cómo va a ser posible negociar en esos términos dentro de la ley y respetando la seguridad jurídica, como asegura el trilero. Es decir, cómo se puede atacar de raíz los principios constitucionales sin saltarse a la torera la Constitución.

Y si hubiera tiempo, sería conveniente que Mañueco le dejara caer un “qué hay de lo nuestro”, de las infraestructuras pendientes en Castilla y León y Salamanca, de todas las inversiones paralizadas y/u olvidadas a cuenta de lo que el Gobierno se gasta en financiar el despilfarro de los nacionalistas.

Lo de la nueva financiación autonómica es mejor que no lo saque a relucir, porque con esta tropa, o peor aún, con el futuro Gobierno de Sánchez con los comunistas de Podemos y los separatistas catalanes y vascos, los castellanos y leoneses estamos condenados a un nuevo expolio, en versión financiera.