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Andábamos los amigos tomando el clásico vino de los viernes, ese en el que nos resumimos la semana unos a otros, cuando uno de ellos sacó a la palestra el concierto que ofreció Leiva hace unos días en el Multiusos Sánchez Paraíso. “Mi hija fue con Pedro Sánchez y nosotros nos dejamos una pasta, pero mereció la pena”, comentó.

La frase me dejó perplejo. Vaya campañón se ha cascado il bello presidente con su idea del bono cultural para la chavalería a costa de los impuestos de todos los españoles. Porque les puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que si a la hija de mis amigos le hubiera apetecido estremecerse escuchando el “Lady Madrid” del cantante madrileño, lo hubiera hecho, con bono sanchista o sin bono.

No contento con que los jóvenes de 18 años, que van a votar por primera vez el próximo 28 de mayo en las municipales o antes de que finalice el año en las generales, lo recuerden como aquel que les facilitó irse gratis de festival en verano o al cine con Mariví, ahora envida más todavía. Y este sábado anunció en un mitin en Murcia que pagará –él no, claro, lo haremos todos nosotros- la mitad del interrail europeo a todos los jóvenes que quieran hacerlo este verano. ¡Viva la fiesta!

El tío ha prometido un descuento del 50 por ciento para que todos los jóvenes de entre 18 y 30 años puedan hacer el interrail europeo a mitad de precio entre el 15 de junio y el 15 de septiembre próximo, es decir, un poco antes de que se acerquen a las urnas.

Se podía haber quedado ahí. Incluso lo podía haber justificado diciendo que no se le ocurría otra forma mejor de “hacer Europa” ahora que España va a presidir a partir del mes de julio el Consejo de la Unión Europea. Pero no. Una vez que se viene arriba, Pedro Sánchez no tiene medida con el dinero de todos los españoles.

Y como nuestros niños no conocen España, van a tener un descuento del noventa por ciento en los trenes y autobuses que dependen del estado y un cincuenta por ciento en los trenes de Alta Velocidad. Vamos, que este verano los padres no les vamos a ver el pelo a nuestros hijos por obra y gracia de Pedro Sánchez, que está empeñado en crear una especie de interrail patrio.

Cuando lo escuché me sonó a cachondeo, sobre todo, cuando en Salamanca llevamos reclamando años la cuarta frecuencia del tren rápido que nos conecta a Madrid, la cual perdimos en pandemia. La cabezonería de no restaurarla es similar a la que han empleado con la ‘ley del solo sí es sí’, en otro alarde del Gobierno de decir: ‘los tiempos los marco yo’.

Pues qué quieren que les diga. Estoy completamente de acuerdo con el portavoz de campaña del Partido Popular cuando este domingo dijo que resulta “incomprensible pagar las vacaciones a un bigardo de 28 años mientras se envía un documento a Europa para rebajar la deuda pública”. Se refería Borja Sémper al plan de estabilidad facilitado por el Ejecutivo a Bruselas a finales de abril en el que España se compromete a rebajar el déficit al 3 por ciento en 2024. ¡Ja! Claro que quizá le toque a otros trabajar para que se cumpla este objetivo.

Esta forma de hacer política de nuestro presidente del Gobierno, en la que usa nuestros medios económicos para sus propios fines electorales, constituyen un auténtico disparate que va a hacer que nuestras próximas generaciones sean todavía más pobres. Eso sí, como todos ellos habrán hecho el interrail, sabrán que en otros países se vive mejor. Nosotros, sin embargo, nos convertiremos en mochileros. Y seguiremos de fiesta, nuestra razón de ser.

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