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Un camino ilusionante

Lunes, 25 de abril 2022, 05:00

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Más de 27.000 visitantes en un solo año. Los números hablan por sí solos y la cifra de personas que han realizado el Camino de Hierro desde abril de 2021 hasta hoy es un absoluto éxito. Esperado por muchos de los que creímos en este proyecto desde el minuto 0, pero una sorpresa para aquellos incrédulos que pensaban que nadie se iba a desplazar hasta La Fregeneda para caminar por una vía férrea durante 17 kilómetros. Pero el guarismo es todavía más meritorio si tenemos en cuenta que hasta mayo de 2021 estaban vigentes las restricciones de movilidad entre comunidades autónomas a consecuencia de la pandemia. Además, la Diputación de Salamanca se ha guardado bajo la manga el as de una promoción más agresiva y ha dejado que fuera el boca a boca y las imágenes compartidas en prensa y redes sociales las que generaran el interés por una ruta única en Europa. Todo ha salido a pedir de boca y se ha puesto la primera piedra para que las Arribes del Duero ocupen el lugar que merecen tras décadas de olvido.

Meses antes de la inauguración del Camino de Hierro escribí un artículo en este mismo espacio que titulé: “El último tren de las Arribes”. Aunque por la vía férrea entre La Fregeneda y Barca d’Alva no volviera a circular ninguna máquina, la ruta que estaba a punto a abrirse era la gran oportunidad que llevaba tiempo esperando esta comarca. La punta de lanza para que el visitante descubriera una tierra con un sinfín de posibilidades. En la que puede pasarse una semana entera recorriendo sus miradores, caminando por sus senderos, degustando sus quesos y vinos o paseando en barco por los inmensos cañones que el río Duero ha formado a lo largo de millones de años.

Lo más complicado se ha conseguido. Las Arribes están en el mapa y en la retina de muchas personas con ganas de descubrir parajes naturales salvajes, nada masificados y que están a la altura de otros más populares y manidos que podemos ver en otras parte de Europa. Se ha demostrado que un madrileño o un extremeño no tienen ningún problema en desplazarse hasta La Fregeneda aunque esta localidad se encuentre a una hora en coche de Salamanca. Siempre digo lo mismo: turistas de medio mundo acuden al Caminito del Rey malagueño o al Douro Vinhateiro portugués por carreteras infinitamente más complicadas y peor mantenidas que la CL-517.

¿Y ahora qué? Se ha prendido la hoguera, pero ahora hay que alimentarla para que no se apague y cada vez adquiera más cuerpo. Hay que ponérselo fácil a la iniciativa privada para que se vayan abriendo más alojamientos en el entorno de La Fregeneda, una de las grandes asignaturas pendientes. También hay que ir poco a poco cambiando la mentalidad de las gentes de las Arribes. Hacerles ver que su quesería artesanal puede abrir los fines de semana para recibir a grupos de turistas que desean conocer de primera mano la elaboración del queso. Fomentar la fantástica ruta del vino Arribes, donde se elaboran unos caldos de gran calidad que necesitan más eco. Poner en marcha rutas guiadas por los miradores que se asoman al cañón del Duero. Explotar el muelle de Vega Terrón con más decisión ofreciendo actividades acuáticas como travesías en kayak. Hacer una verdadera alianza con Portugal para vender paquetes conjuntos entre municipios del Douro como Freixo y los salmantinos. No olvidemos uno de los datos más llamativos del primer año del Camino de Hierro: el 10 por ciento del total de visitantes procede del país vecino. Un auténtico filón para empezar a mirar de una vez por todas a nuestros hermanos lusos y tener claro que juntos podemos hacer grandes cosas.

Se ha puesto una primera semilla y la planta está brotando con fuerza. Ahí está el trabajo de la Diputación y de los particulares y ayuntamientos que han creído desde el principio en la idea. Ahora toca creerse de verdad todo su potencial (algo que cuesta por esta tierra) y apostar sin fisuras por un camino ilusionante.

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