28 septiembre 2021
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Tiene razón Ayuso

24 jul 2021 / 03:00 H.

    El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reúne a los autonómicos en Salamanca en una conferencia sin contenido y los despacha con cinco minutos para que hable cada uno. Eso es lo que ha trascendido del programa que tendrán en Salamanca.

    Vamos, que este señor monta un paripé poco antes de coger el falcon con destino a las vacaciones pagadas para que no se diga, pero no sirve para nada. De hecho, no les va a dejar ni tiempo para cantarle las cuarenta por la prepotencia, la soberbia y las mentiras o a hacerle la pelota, según procedan de una región u otra. El catalán ya ha dicho que no viene. No puede salir mucho de Cataluña por sus dificultades para expresarse en la legua común de los españoles que, además en Salamanca, la cuna del aprendizaje del español, se notarían todavía más sus extraordinarias deficiencias.

    Sánchez despacha a los presidentes en cinco minutos y a Zapatero le enseñó Jordi Sevilla la economía en dos tardes. Este es el PSOE que tenemos desde que el indocumentado ZP llegara como llegó a La Moncloa. Tanto el uno como el otro son dos personajes que causan bochorno.

    El actual presidente del Gobierno, que tanto criticó a Rajoy porque utilizaba el “plasma”, es el que menos veces se ha sometido a las preguntas de los periodistas. No le gusta que le digan las verdades del barquero y por eso se esconde como sea. Ha tenido que ir de “gira” a Estados Unidos para hablar y contarle a un periodista la milonga de que quiere pasar a la historia de España por la respuesta de su Gobierno a la pandemia. Hay que ser un desvergonzado para hablar de la gestión de la covid, cuando todos hemos visto que ha querido desentenderse desde el minuto cero y así estamos en España con 17 formas distintas de afrontar todas las cepas del mundo mundial, porque el inquilino de La Moncloa se ha lavado las manos como pilatos y ha salido corriendo.

    Se ha dedicado a la procrastinación y ni siquiera ha llevado al Parlamento una ley que ampare la toma de medidas para que las autonomías pueden luchar contra el virus, tal y como se comprometió hace poco más de un año cuando nos dijo que la pandemia había acabado y que nos fuéramos de vacaciones.

    Claro, si esto lo dice en España, donde nos conocemos todos, inmediatamente le hubieran recordado su desfachatez. Ante tamaña caradura, es normal que alguien deje aparcada la diplomacia y se plante, que es lo que ha hecho Ayuso.

    “Para ir a escuchar y aplaudir al presidente de Gobierno no iremos”, dijo ayer la presidenta madrileña, generando inmediatamente una nueva polémica por decir claramente que ni hay orden del día ni se ha preparado la reunión con los temas que se van a tratar, entre ellos la pandemia, de la que por mucho que saque pecho Sánchez se ha desentendido, y del reparto de fondos europeos, un tema que se quiere adueñar como si el dinero saliera de su bolsillo.

    Ayuso, harta de estas miserias presidenciales, ha dicho que la de Salamanca será la última a la que asista si el presidente no enmienda la estrategia y se pone a trabajar como hacían Rajoy y su vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Pero comparar a ese Gobierno con el actual, es como comparar a Dios con un gitano. La exvicepresidenta tenía una capacidad de trabajo que no tiene ninguno de los miembros del Consejo de Ministros de Sánchez. Era concienzuda y laboriosa. Nada que ver con los personajes de la inclusión de género, que lo que hacen es pegar patadas continuamente al diccionario.

    Lo que no sé es cuánto tiempo más va a durar la presencia del Gobierno de Ayuso en las reuniones con la ministra de Sanidad, que tampoco sirven para nada si queremos ser sinceros.

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