15 diciembre 2019
  • Hola

Tiempo le faltó

15 nov 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

No se hizo esperar, y al día siguiente del día después de las elecciones, o sea, el martes, Sánchez firmó con Iglesias un preacuerdo en el que aparecen las rúbricas de lo peor de cada casa. Se rumoreaba mucho, se especulaba más pero nadie esperaba que la especulación más alarmante se confirmara tan rápido. Prisa tienen y prisa se han dado, ya no hay dudas en las que guardar alguna esperanza y los peores presagios llegaron sin pérdida de tiempo, prueba de que España les importa poco y no la tengan entre sus prioridades, salvo que sea para romperla en pedazos. La noticia cayó como una bomba y sus primeros efectos fueron tan rápidos como la noticia misma, la noticia de la firma, se entiende, no de sus consecuencias: económicas (pese a lo fulminante del desplome de la Bolsa), sociales, políticas..., que aún no se saben, pero que iremos sabiendo según se produzcan y que se barruntan demoledoras para los intereses de España y los españoles.

Sabemos lo que Sánchez da de sí, menos que nada, lo que le convierte en el peligro número uno del statu quo reinante. Entre lo que está por saber conviene destacar el precio final del preacuerdo para formar gobierno que, de momento, contempla a Iglesias como vicepresidente, más unos cuantos ministerios de peso (se dice que el de Sanidad será para Irene Montero y el de Defensa para el exteniente general y exjemad Julio Rodríguez), que no es poco pagar, claro referente que advierte del alto coste respecto a la participación de Podemos en el Consejo de Ministros, que Sánchez está dispuesto a satisfacer con tal de seguir “okupando” La Moncloa cuatro años más, con la abstención de Bildu (o sea, de Otegui), de ERC (o sea, de Junqueras), que también tienen su precio y no pequeño, más de quien haga falta con tal de que le salgan los números que le permitan dormir a pierna suelta.

Mucho me temo que lo firmado acabe no siendo un gobierno de coalición con Sánchez de presidente e Iglesias de vicepresidente, sino dos minigobiernos paralelos con el riesgo añadido de que uno de ellos, el de Sánchez, acabe sometido al otro, al de Iglesias, con consejos de ministros en La Moncloa y en La Navata, coyuntura que podría degenerar en desgobierno y en más bloqueo.

Mientras, en Cataluña siguen a su bola y no paran porque les dejan hacer para, así, tenerlos entretenidos con sus cosas, y que sean otros quienes los metan en vereda. Un ejemplo esa la inacción del Gobierno que puede aumentar si deja de estar en funciones y pasa a tener plenos poderes por gracia de sus aliados, lo tuvimos hace unos días en La Junquera, donde activistas de los CDR y del Tsunami Democràtic tuvieron cortada la frontera con Francia un montón considerable de horas, tiempo suficiente para levantar barricadas, montar un campamento con la intención de permanecer en él tres días, descargar los víveres necesarios para la acampada e instalar en medio de la autovía un escenario en el que celebrar un concierto, que se celebró, causando retenciones kilométricas que afectaron a miles de camiones y originaron pérdidas que se calculan en decenas de millones de euros. Y allí permanecieron hasta que la gendarmería francesa puso manos a la obra y los barrió, limpiando la autovía de estorbos y basura. Hasta entonces los Mossos (garantizadores del “derecho a la protesta”) les permitieron hacer todo, a la vez que el Gobierno dejaba pasar el tiempo mientras la Guardia Civil esperaba órdenes de Marlaska (que advertido estaba por la propia Benemérita) para intervenir, órdenes que no llegaron.

La noticia pilló a la derecha en la luna de Valencia, sin saber qué hacer ni qué decir, con el paso cambiado y la mente en otra órbita. El tiempo quedó atrás y ahora cualquier oferta que se le ocurra llega tarde. Iglesias se adelantó porque Sánchez dejó que se adelantara, y ahí andan los dos, codo con codo, forjando el tan deseado “frente popular”. Como el de 1936, que fue la causa de todo lo que vino después. Lo dice la Historia en su capítulo más políticamente incorrecto, no yo, que me limito a memorizar lo que he aprendido de la Historia.