31 octubre 2020
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Tenemos pendiente un café, Juan

    Juan, hoy tengo esta página en blanco. “Ya saldrá algo, Marian”, me dirías tú o “si quieres te la cambio, que yo ya tengo una opinión prácticamente rematada”. No se me ocurre qué decirte. ¡Son tantos recuerdos a lo largo de casi veintiocho años trabajando juntos, que no sabría con cuáles quedarme!

    LA GACETA era tu vida, Juan. Tú siempre estabas ahí para las generaciones que fuimos llegando después, nuestro confesor tanto si eran temas profesionales como personales, porque alguna vez yo he tenido que llamarte cuando me ha dejado tirada el coche o me has tenido que llevar a casa cuando salíamos a las tantas, después de una jornada electoral o de algún desgraciado suceso que nos obligaba a alargar la jornada laboral.

    Uno de los primeros encargos que me hiciste en esta empresa fue una rueda de prensa, a las 5 de una calurosa tarde de verano, para aguantar las cuitas personales de un conocido dirigente vecinal. Obviamente cuando llegué y te conté el contenido, me dijiste que ni una línea. Después de tiempo, cuando ya abandoné el papel de pardilla becaria de los inicios, te lo reprochaba en broma y tú reías con esas carcajadas sonoras inconfundibles, tanto como ese vozarrón que tenías y que al principio nos asustaba porque no sabíamos si estabas o no enfadado.

    Hace menos de un mes, concretamente el pasado 4 de septiembre, escribiste tu última columna en este mismo espacio. Querías cumplir un compromiso adquirido, aunque las fuerzas ya te fallaran. Hubo días, ya malito, malito, que mandabas con antelación la opinión por si en una de esas revisiones te dejaban ingresado y no podías cumplir. Así eras tú: un hombre de palabra, íntegro, sin dobleces, un castellano recio, aunque hubieras nacido en Badajoz y nunca hubieras perdido del todo el acento.

    ¡He aprendido, hemos aprendido, tantas cosas contigo! Primero como redactor jefe en las instalaciones de Peña Primera y más tarde como subdirector, ya en el edificio que ahora ocupamos. Pero, sin duda, la lección magistral la hemos recibido en los últimos años, los más dolorosos para todos los que te queríamos por verte sufrir. Nos has dado una gran lección de vida, de superación y de valores. Estoy todavía impresionada por la fortaleza y la serenidad con la que te has querido despedir de la gente más cercana poco antes de perder el vínculo con este mundo. ¡Qué gran enseñanza nos has dejado, Juan!

    Y mientras tanto, te contaré que el Gobierno social-comunista está preparando una de las suyas: mientras Sánchez, con cara de asco, promete a la pobre e ilusa presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ayuda eterna para controlar el coronavirus, su íntima amiga, la indocumentada Adriana Lastra, convoca a los madrileños a una gran manifestación el próximo domingo. ¡Qué prisa tenían por asaltar las calles, rodear el Congreso o, si se tercia, apostarse en las sedes del PP! “Estoy de acuerdo, desde la primera palabra”, me dirías.

    Tu añadirías que es de sobra conocido que el deporte nacional de la izquierda es culpar de todo lo que está pasando, lo que ha pasado y lo que está por pasar al Partido Popular, aunque esté en la oposición. Uno de los últimos días me dijiste que no sabías si le tenías más miedo al coronavirus o al “coronagobierno”. Estabas asustado con esta coalición de Sánchez y los comunistas de Podemos. Todos lo estábamos, pero tú conocías bien las consecuencias de los gobiernos comunistas.

    Lector empedernido, gran melómano y un ameno conversador. A todos nos gustaba escucharte contar tus batallas como marino mercante por esos puertos del mundo, aunque siempre añoraste echar amarras en tierra para formar una familia con tus tres hijos, tu mejor obra. Y tenías razón: es para estar orgulloso de ellos, no te han dejado ni un minuto, regalándote amor a cada instante.

    Nos has dejado sin brújula, pero nos quedamos con las imitaciones que nos hace nuestro compañero Javier Hernández, que por cierto, te clava. Nos seguiremos riendo, Juan, ya sabes que tenemos pendiente un café en el “Domi” para debatir del “coronagobierno”. Nos ha dejado una gran persona, de corazón noble, un hombre bueno.

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